Venezuela, querida, observada y satanizada

La concesión por parte de la Asamblea Nacional - órgano legislativo- de poderes habilitantes especiales, mediante la Ley correspondiente al Presidente Maduro, pudiera contribuir a conjurar el avance evidente de la guerra económica y de la corrupción en Venezuela (Foto: http://www.sibci.gob.ve)

La concesión por parte de la Asamblea Nacional – órgano legislativo- de poderes habilitantes especiales, mediante la Ley correspondiente al Presidente Maduro, pudiera contribuir a conjurar el avance evidente de la guerra económica y de la corrupción en Venezuela (Foto: http://www.sibci.gob.ve)

Venezuela, la Arabia Saudita de América Latina, posee las mayores reservas de petróleo del mundo, con unos 300 mil millones de barriles de crudo, según cálculos oficiales.

Pudiera resultar una suerte -de hecho lo es- y a la vez parecer una maldición la tenencia de tal cifra del llamado oro negro, a juzgar por los efectos de ese envidiable privilegio concedido por la naturaleza a la tierra venezolana.

José “Pepe” Mujica, presidente de Uruguay, declaró durante una visita realizada a La Habana, en julio de 2013, que “Venezuela es el país más amenazado de América Latina porque tiene mucho petróleo. Y los últimos años demostraron que se han bancado a los que tienen petróleo”.

No se equivoca el veterano combatiente clandestino tupamaro, al expresar esta última consideración. A tales bondades geológico-energéticas, Venezuela suma otra: la Revolución Bolivariana, que liderada por el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías asumió el poder hace más de 14 años a través del sufragio popular, y socializó el modelo rentista petrolero de la llamada Cuarta República, y lo hizo hasta tal punto que en la última década del período de gobierno chavista se asignaron 500 mil millones de dólares a la inversión social. Esto último no agrada a los barones de la inequidad y de la riqueza polarizada, quienes satanizan a Venezuela por todas las vías y medios posibles.

Tanto el fallecido Mandatario, como su sucesor político, Nicolás Maduro Moros, se han mostrado “incómodos” ante las pretensiones de Estados Unidos de doblegar la postura independiente, digna y soberana de Venezuela, que se debate hoy entre la satanización imperial, y el ser muy querida y admirada por la comunidad latinoamericana e internacional, que se mantienen expectantes -y por qué no decir preocupados- ante el curso que pudieran tomar los actuales acontecimientos en la Patria bolivariana.

Venezuela debe ser muy observada, pues hay un grupo de asuntos, que ponen en peligro su estabilidad política y el proceso de cambios socio-económicos emprendidos por Chávez hacia finales de los años del pasado siglo.

La corrupción, un tema para nada nuevo en el escenario venezolano, le puede pasar una factura no deseada a la Revolución Bolivariana. Tal es así que Adelina González, titular de la Contraloría General del país suramericano, reveló, recientemente, que desde el año 2000 hasta la fecha, fueron señalados 3019 funcionarios con “responsabilidad administrativa” por diferentes actos de corrupción, de los cuales 1296 fueron sancionados con medidas de destitución, inhabilitación y suspensión, que si nos atenemos al significado del término de cada una de las medidas, evidencian la debilidad de la legislación venezolana para sancionar a los culpables.

A la inquietante situación descrita antes, se suma el hecho de la violencia imperante en Venezuela -también un tema de larga data en esa nación-, donde en el año 2012 se reportaron 16 mil 72 homicidios, lo cual representó un incremento del 14 por ciento con respecto al período precedente. La inseguridad ciudadana resulta tan preocupante, por el hecho de que la tasa de homicidios es seis veces superior a la media: 55 coma dos por cada 100 mil habitantes.

He citado sólo dos asuntos, que en mi opinión, son de vida o muerte para el futuro de la Revolución Bolivariana, cuyos dirigentes están obligados a lidiar con ambos, con sapiencia y habilidad, si realmente aspiran a sobrevivir, además, al cerco mediático; la guerra económica y psicológica que fraguan las fuerzas de la derecha, tanto hacia el interior como el exterior del país; y al mismo tiempo mantener el consenso político para las elecciones municipales del ocho de diciembre de 2013, algo que habrá que seguir, con particular interés, si se toma en cuenta las tensiones vividas, tras darse a conocer los apretados resultados de las elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013, que dieron como ganador a Nicolás Maduro Moros.

No por gusto el Programa de Gobierno 2013-2019, que llevó a Chávez a la reelección presidencial, poco antes de su muerte, y que Maduro asumió también al dar continuidad al chavismo, tiene como primer objetivo histórico defender, expandir y consolidar la independencia nacional. Si no se concreta ese propósito, cualquier otra acción correrá igual suerte, pues se trata de un tema clave.

Las fuerzas izquierdistas, tanto en Venezuela, Latinoamérica y el mundo no pueden llamarse a engaño, se camina sobre un terreno minado, donde el peligro asecha a cada paso, y no siempre los zapadores tienen la real percepción de una posible explosión en un campo de operaciones, donde coexisten fuerzas que han demostrado ser leales y fieles en circunstancias difíciles para la Revolución Bolivariana, junto a otras agazapadas bajo el color rojo del chavismo y de otro pelaje diverso, para dinamitar, llegado el momento, el avance de las fuerzas más revolucionarias.

No debiera ser motivo de olvido, aquellos 11 muertos – incluyendo dos niños-, víctimas heroicas, y los casi 100 heridos, del 15 de abril de 2013, cuando Henrique Capriles Radonski, el perdedor de las elecciones presidenciales de ese día, se negó a aceptar la victoria de Nicolás Maduro Moros, y llamó a sus partidarios a la guarimba (desorden) en las calles.

La concesión por parte de la Asamblea Nacional – órgano legislativo- de poderes habilitantes especiales, mediante la Ley correspondiente al Presidente Maduro, pudiera contribuir a conjurar el avance evidente de la guerra económica y de la corrupción en Venezuela; pero los poderes especiales deben ser concedidos, en primer lugar, al pueblo, sujeto y objeto de los cambios, porque además sería el mayor perdedor de no revertirse las tendencias negativas en curso.

Como dijera el propio Maduro, “no nos podemos equivocar”, al referirse a la tristeza, el inmovilismo y la depresión que cultivan algunos en lugar de la acción, la batalla, el compromiso y la entrega diaria en la calle.

Si no se revierten, de forma real y tangible, más allá de las consignas emotivas en movilizaciones de ocasión, las tendencias negativas señaladas y otras no citadas por razones de espacio, Venezuela vivirá momentos en extremo difíciles e imprevisibles, los cuales tendrán un duro impacto en los países de la región, porque Venezuela contribuyó a cambiar el mapa político, económico y social de América Latina y el Caribe, bajo las banderas bolivarianas de la integración.

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