
Cuba irá a Barranquilla a refrendar su condición de monarca regional. En la foto, la judoca Idalys Ortiz. Foto: Internet.
Antes de entrar en la tabla de preseas son indispensables varias aclaraciones. El Comité Olímpico Internacional (COI), en su decimoquinta sesión, efectuada en Estocolmo 1912, aprobó confeccionar un cuadro de honor por países al final de cada justa, a partir de las puntuaciones surgidas de los seis primeros lugares en cada prueba.
El acuerdo fue revocado posteriormente y el medallero resultó implantado al calor de intereses políticos e ideológicos, con los imperios en plano preponderante para mostrar supremacía, contando con el categórico empujón periodístico.
De esta visión sobredimensionada y criticada por Pierre de Coubertin no quedaron fuera los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Sobre lo engañoso de las tablas por medallas he hablado anteriormente y ahora cito algunas de las varias versiones de mi texto El Gran Salto de las Lides del Músculo (Cuba, historia, cultura y sociedad (Editorial Gala, 2012).
“(…) ¿acaso Cuba tenía mayor desarrollo ajedrecístico que la U.R.S.S. cuando José Raúl Capablanca se hizo campeón mundial y vencía a los mejores maestros de ese país o de cualquier otro avanzado? ¿Había fortaleza en nuestra esgrima cuando Ramón Fonst, de solo 17 abriles, se convierte en París 1900 en el primer as olímpico de América Latina y, cuatro años más tarde, encabeza un seleccionado capaz de arrasar en San Luis?”.
En mi libro Las Olimpiadas de Atenas a Moscú (Editorial Gente Nueva, 1979), comenté lo siguiente:
“Fonst y también Capablanca fueron genios de sus respectivas disciplinas, capaces de derribar todos los obstáculos y burlarse de la lógica con sus condiciones excepcionales. El primero, con Francia como escenario principal, adquirió en el extranjero no solo educación. Ambos, además, jamás fueron mordidos por la miseria (…)”.
“La patria del genial deportista no dejó de batallar para ser patria de las mayorías. Cuando los desposeídos se hicieron dueños del camino antes bloqueado, Fonst retornó a la vida por encima de sí mismo. Es florete o sable cubanos vencedores en lides internacionales. En 1972 de nuevo hubo preseas de oro para atletas cubanos en una Olimpiada. Y las victorias ya no serían únicamente para los fuera de grupo”, acoté.
Un error sería hablar de auge deportivo real en Kenya, Etiopía o Jamaica, obnubilados por el fetichismo de las estadísticas, es desafortunado: hay que arribar a la esencia de los números y llevarlos al nivel fidedigno.
En esos territorios no existe una cultura física de envergadura: extraordinarios corredores, sí, ¿pero dónde están sus basquetbolistas, voleibolistas, balonmanistas, esgrimistas, tiradores, pesistas, luchadores, púgiles, judocas, polistas, gimnastas…? ¿Hay clases de educación física para todas las personas o masividad?
Bueno, hecha la aclaración, volvamos a hablar de medallas, sistema que rige la competición regional.
En el concurso inicial solo participaron México, Cuba y Guatemala y la sede encabezó la tabla final con 25 cetros, 24 de plata y 18 de bronce, por delante de los antillanos (14-15-15). Los del quetzal se fueron con tres terceros lugares.
En la segunda edición, Cuba y México en el uno, dos: 28-19-21 y 12-18-10.De ahí en adelante, siempre los de la patria de Juárez al frente hasta Panamá1970, de la cual hablaremos en el texto que completa este artículo.
Continuará…
