Crónica de lunes: los más ruidosos

Diseño: Gilberto González García

Numerosas especies de animales emiten sonidos utilizando diferentes métodos y con diversos fines, de los cuales el más frecuente es la búsqueda de pareja.

Cuando de potencia sonora se trata es fácil imaginarse que cuanto más grandes sean los animales más fuerte será el sonido que emiten aunque el mundo zoológico es tan diverso que no siempre sucede así.

Sin entrar en detalles y dejando espacio al acucioso lector para que investigue y pueda saciar su sed de conocimientos, diremos, a manera de curiosidad, que el animal que emite el sonido más potente en comparación con su tamaño es el macho de una especie de chinche acuática que mide tan sólo dos milímetros y genera un sonido que puede alcanzar los 100 decibelios, algo así como escuchar una orquesta desde la primera fila del auditorio.

Increíblemente, aunque el 99 por ciento del sonido se pierde al pasar del agua al aire, es tan intenso que una persona que camine cerca del lugar donde habita puede escuchar a estas diminutas criaturas, campeonas de la estridencia.

Y como dijimos al principio, los métodos usados para generar los sonidos son diversos y en el caso de este insecto también es muy peculiar; lo hace frotando su aparato reproductor contra el vientre y es de suponer que eso constituya un mecanismo de selección natural, pues cuanto más apto sea el aparato, más fuerte será el sonido y alcanzará a más hembras, aumentando así la posibilidad de aparearse.

Sin embargo se debe tener en cuenta que hay un animal que resulta el más ruidoso del mundo y el que más diversas formas utiliza para generar sus sonidos ¿Ya sabe cuál es? Si usted es de los que pensó en el Homo sapiens acertó.

Mucho más ahora que el desarrollo tecnológico ha permitido la fabricación de equipos de audio portátiles y de elevada potencia, algo que algún día ha de pesarle a quien los inventó como debe haberle pesado a Alfred Nobel haber inventado la dinamita, con la diferencia de que el explosivo tiene aplicaciones útiles y pacíficas, mientras que esos amplificadores portátiles solo causan molestias.

¿Se imagina usted a un individuo, a las cinco de la madrugada, sonando el reggaetón a todo volumen en un ómnibus en el que viajan personas que se dirigen a sus respectivos centros laborales, aún somnolientos por el madrugón? Bien, pues yo no tengo que imaginarlo… porque lo he sufrido.

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