Crónica de lunes: los sapos

Imágenes: Pluesesmas.com y Can Stock Photo. Diseño: Gilbertto González García

Imágenes: Pluesesmas.com y Can Stock Photo. Diseño: Gilbertto González García

Un sapo es un anfibio anuro de cuerpo rechoncho, piel gruesa y verrugosa, patas posteriores fuertes y ojos saltones. No, no, espere, volvamos atrás, porque los sapos son mucho más que eso.

Veamos. El diccionario presenta también la frase “sapos y culebras” como todo tipo de insultos, blasfemias, juramentos y maldiciones y pone por ejemplo a una suegra –pobrecitas las suegras– que “echó sapos y culebras de su nuera”.

Pero hay más aún, porque un sapo, además de ser un animalito feo y repugnante, aunque imprescindible en la naturaleza, además de ser un improperio, es una clase de persona.

Si usted es cubano lo comprenderá al instante, aunque quizás no en toda su magnitud; pero si no conoce la idiosincrasia de quienes habitamos el lomo de este largo y verde caimán antillano quizás no lo entienda en absoluto. Sea uno o el otro, siga leyendo.

Resulta que un sapo es un individuo marcado por la fatalidad, un mensajero de la mala suerte, algo así como el ave negra del infortunio, un Nostradamus de la desgracia, que cuando llega a un sitio o abre la boca para decir algo todos se preocupan porque a continuación ocurre algún desastre.

Así, usted podría ser testigo de una expresión como esta: “¡Qué sapo eres compadre, nada más tocaste la botella, se cayó al piso y se rompió”; o esta otra: “Hablaste de la casa de Juanita y al día siguiente se derrumbó”.

Nada, que el pobre individuo, en el primero de los casos simplemente fue torpe y en el segundo vio las peligrosas grietas en la estructura del edificio donde residía la tal Juanita que ¡ojalá haya estado afuera en el momento del desplome! Lo demás es pura casualidad.

Sapos son también los que se paran a mirar detrás de los jugadores en una mesa de dominó, porque los contendientes supersticiosos –y muchos adictos al dominó lo son– piensan que su presencia les trae mala suerte. Lo peor es que en ocasiones esos sapos son tan intrépidos que hasta se atreven a susurrar al oído del jugador: “Tira ahora el doblenueve, o te vas a quedar con él”.

Si lo hacen y les sale mal la jugada culpan al sapo, si no lo hacen y se quedan con la temida ficha al final de la data* también lo incriminan.

La mayoría de los sapos sufren mucho su condición, algunos se rehúsan a aceptarla, lo cual resulta muy lógico porque se sienten apartados del grupo o no les gusta saberse mensajeros de la fatalidad, pero unos cuantos los disfrutan y hasta se alegran cuando alguna de sus predicciones se hace realidad: “Yo se lo pronostiqué, que un día se iba a matar”… ¡Mentira, el tipo chocó porque se había tomado unos tragos y, para colmo, estaba hablando por el celular mientras conducía!

¿Por qué a los individuos que se cree traen mala suerte se les dice sapos? ¿De dónde viene la creencia de que esos batracios son fatídicos? Algunas culturas creen que fueron creados por el mismísimo Diablo y que si a un sapo se pusieran alas de murciélago sería la representación más exacta de Lucifer.

Además, los sapos son usados con mucha frecuencia por brujas y hechiceros, siempre con el propósito de hacer mal, y algunas partes de esos animalitos son ingredientes imprescindibles de las pócimas preparadas por los nigromantes.

Se dice que cuatro días después de matar un sapo, quien lo mató sufre terribles dolores de cintura; que soñar con sapos es un mal augurio, y que tocar uno de esos animalitos provoca verrugas.

Por el contrario, otras culturas consideran  lo opuesto, que si un sapo cruza frente a un cortejo nupcial indica que el matrimonio será próspero y prolongado; que el croar de ranas y sapos augura lluvia, lo cual es muy bueno para la agricultura, y que quien sueña con sapos tendrá mucho dinero en el futuro.

En la cultura andina representan a la Pachamama o Madre Tierra, son hijos de la tierra porque salen de ella en tiempo de lluvia; son símbolo de fertilidad asociado con el agua, y representan la resurrección y renovación de la vida.

Lo cierto es que los anuros, en general, son animales muy útiles para los ecosistemas y para la ciencia y aunque algunas de esas especies supuran veneno por la piel como medio de defensa y pueden ocasionar daños a quien las toque, no son de temer.

Antes de terminar este escrito queda un asunto por dilucidar, si los sapos son hombres que atraen o anuncian la mala fortuna ¿cómo llamar a las mujeres que padecen esa misma condición? La respuesta a esta interrogante queda a la sagacidad de nuestros lectores.

*Data: en el argot propio del juego, cada una de las rondas en que se divide un partido,
cuando alguno de los jugadores se queda sin fichas (se pega) o ya no quedan jugadas
posibles (se “tranca” la data).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *