Crónica de lunes: ¡al abordaje!

El abordaje. Diseño de Gilberto González García.

¡Cuántas veces nos habremos emocionado cuando, en las películas de piratas, gritan “al abordaje” y se columpian de un buque al otro con los sables entre los dientes!

Quizás en la vida real no haya sucedido exactamente así; sabemos que los cineastas que hacen filmes de aventuras suelen poner mucho de fantasía para dar mayor lucidez a sus obras. Pero, los abordajes existieron… y existen.

Sí, porque la piratería todavía se practica, si bien ahora, en lugar de ganchos triples, arcabuces y sables, los piratas usan fusiles de asalto y bazucas, y en lugar de robar tesoros de sedas, oro, plata, y piedras preciosas, se apropian de tanqueros cargados de petróleo.

Sucede que los piratas no son los únicos que utilizan los abordajes. En el sentido más amplio de la palabra, un buque puede ser abordado en son de paz, como hacen, por ejemplo, los prácticos de puerto para ayudar a atracar los navíos.

Usted puede abordar a esa linda chica con que sueña desde hace tiempo –o la chica abordar al galán, porque también las mujeres tienen esa potestad.

Es posible abordar en plena calle al amigo para pedirle dinero prestado; abordar un ómnibus o un taxi; los periodistas solemos abordar a quienes deseamos entrevistar y en una reunión se pueden abordar los temas que se desean debatir. Fíjese cuántos abordajes existen.

Y hay unos que no aparecen explícitamente en los diccionarios pero que son bastante comunes en nuestros días. Por ejemplo, usted sale de una tienda en la que acaba de comprar, digamos, un paquete de papel higiénico y en puerta lo abordan diciéndole: “¡Taxi!” y casi no lo dejan caminar ¡Como si para transportar cuatro rollos de papel sanitario hiciera falta un auto!

El otro caso suele darse en las inmediaciones de las ferreterías. Usted solamente tiene que acercarse a la puerta y tiene dos o tres individuos cerrándole el paso: “¿Qué busca? Tengo de todo, cemento blanco, piezas de plomería, azulejos…” y si usted le dice que lo que necesita es una nave espacial, no se preocupe, ellos la buscan.

Es costumbre de otros vendedores ambulantes interceptar a los posibles clientes para casi meterle por los ojos sus mercancías, sin darse por enterados de lo mucho que molestan a las personas. Es una costumbre que debía erradicarse.

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