Crónica de lunes: el beso

Periquitos

El amor es la única forma de reducir el universo a un beso
José Martí

Hay un tema musical, bastante añejo, que asegura que el beso es un idioma universal y que cualquiera puede entenderlo, más allá del lenguaje que hable.

Otras muchas canciones mencionan, de una u otra forma, esta demostración de amor, amistad o cariño. Es que el beso tiene varias “aplicaciones”, de las cuales la mayoría son buenas.

Pero, se ha puesto usted a pensar cuántas clases de besos existen. Son bastantes, por ejemplo, el beso de piquito, ese que se dan los noviecitos de la infancia. En ese se estiran los labios en forma de pico de pájaro y se rozan ligeramente produciendo un leve chasquido. Es parecido al beso que se da en la mejilla, pero labio con labio.

Está el beso que se dan las parejas cuando uno de ellos (o ambos) se despiden para ir al trabajo o se saludan al regresar. Es parecido al beso de piquito pero los labios se acercan más. Ya más tarde, cuando la pareja comienza los juegos amorosos la cosa cambia. Ahí empieza el intercambio de microbios.

Está el beso en la frente, ese que se da, bien por cariño o por amistad, pero que revela una manifiesta superioridad del individuo que besa sobre el besado, porque no es recíproco y en ocasiones puede llegar a ser una demostración de desprecio más que de amor.

Durante mucho tiempo y en la actualidad casi en desuso es el besar la mano. Este beso indica, sobre todo, respeto, porque es como si usted dijera “quisiera besarte, pero no me atrevo”. A la mujer que se estaba cortejando se le besaba en la mano, aun cuando esta tuviera guantes puestos.

A los reyes y autoridades eclesiásticas se les besaba, no directamente la mano, sino los anillos que llevaban como símbolos de sus jerarquías y que en muchas ocasiones servían también de sellos para legalizar documentos. Los sellos tenían más fuerza legal que las firmas. Hoy todavía se besan los anillos de los más prominentes dirigentes de la iglesia.

Entre los besos de cariño está el más común, aquel que se da en la mejilla, y que hoy se ha popularizado hasta el punto de que se usa entre hombres que no son familia.

Está ese otro beso de cachetes que se dan aquellas personas que se fingen amigas pero que en realidad no lo son. Como se dice en el argot cubano, se mastican pero no se tragan. En este se chocan los cachetes y se producen chasquidos con las bocas pero los labios nunca llegan a tocar las mejillas. Estos son besos hipócritas.

Y entre los besos que hacen daño quizás el más conocido es el beso de Judas. Según los cuatro evangelios canónicos, cuando Judas el Iscariote delató a Jesús se puso de acuerdo para señalárselo a los soldados sin que el resto de los apóstoles se dieran cuenta y lo hizo con un beso. Por ello, la expresión “beso de Judas” ha devenido símbolo de la traición que se comete de manera velada.

El otro beso que nadie quisiera recibir es el beso de la muerte.

¿Se besan los animales? Bastante se ha especulado al respecto y algunos científicos opinan que besarse, como tal, solo lo hacen los chimpancés pigmeos o bonobos, que pueden utilizar esa caricia como muestra de reconciliación después de una pelea o como modo de afianzar relaciones grupales, aunque no con el sentido que los humanos damos al beso. Otros animales juntan sus bocas, pero no es más que una exploración olfativa, aunque nadie duda que dos periquitos con sus piquitos juntos y sus ojos cerrados representa una imagen muy tierna.

Terminamos como empezamos: con la presencia del beso en la música ¿Sabe usted la cantidad de canciones que lo mencionan? Sería una tarea titánica recopilar toda esa información. Dame un beso y olvida que me has besado, en un beso la vida, besos de fuego, la horrible boca la cubrió de besos y bésame mucho, son solo algunos de los versos que contienen esa dulce palabra.

El Beso de la Muerte, estatua que se encuentra en el cementerio de Pueblo Nuevo, Barcelona, España

El beso, Los Javaloyas

 

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