Crónica de lunes: ¡candela!

La "conquista" del fuego. Diseño: Gilberto González García

La “conquista” del fuego. Diseño: Gilberto González García

Un intenso olor a humo como de madera me despertó esta madrugada y me levanté inquieto para revisar todos los rincones de mi casa y mirar hacia afuera en busca de algún resplandor que delatara la presencia de un fuego cercano, pero no vi nada.

El fuego es una de mis mayores preocupaciones pues, a pesar de que en mi familia somos extremadamente cuidadosos, vivimos en un edificio multifamiliar en el que otros vecinos no lo son tanto y un incendio perjudicaría a todos por igual.

Si bien la combustión controlada es una gran aliada de la civilización, cuando campea por su libre albedrío es un enemigo destructivo y mortal y, como todas las cosas que influyen en la humanidad, tiene múltiples aristas en las que no faltan las humorísticas.

Por ejemplo, está el chiste del fañoso que llega donde había un grupo de personas jugando dominó y grita “¡fuego!” pero como su pronunciación es deficiente parece que lo que dice es “¡juego!” y los que están sentados en derredor de la mesa le responden que aún la partida no ha terminado y tiene que esperar su turno. La escena se repite varias veces hasta que el pobre hombre se desespera y dice: “¡juego de jugar no, juego de candela que se quema la casa!”.

En varias historietas y dibujos animados se muestra la presunta forma en que los seres humanos entraron en contacto con el fuego, acercando un dedo a la llama y descubriendo la dolorosa sensación de la quemadura. Es casi seguro que no haya sido así, pues el ardiente elemento existe mucho antes que los primeros individuos que pudiéramos llamar inteligentes y siendo aún “animales” ya habrían tenido la percepción del peligro ante las rojas lenguas.

También es probable que antes de tener conciencia del ser y el no ser nuestros antepasados hubieran aprovechado en su alimentación algunos animales “asados” por un incendio de origen natural.

Tampoco hay que dar por sentado, como se muestra en películas y dibujos, que los incendios con los que tuvieran contacto los primeros seres racionales fueran iniciados por rayos, pues la lava de los volcanes provoca enormes siniestros a su paso.

De cualquier forma todo es muy especulativo y en verdad poco trascendental. Sea como fuere que la humanidad entró en contacto con el tercer elemento, lo cierto es que siempre lo ha usado en su beneficio, tanto para bien como para mal. Pensemos en las flechas incendiarias y las catapultas arrojando bolas ardientes contra las fortalezas, pero pensemos en el primer motor –la máquina de vapor.

Los pirómanos son aquellos individuos a los que el fuego les atrae de manera insana y que muchas veces provocan los incendios para luego regodearse en el espectáculo de las llamas devorándolo todo. Según la tradición, el pirómano más famoso fue Nerón, emperador de Roma, de quien se cuenta que prendió fuego a la ciudad y luego se puso a cantar al son de la lira mientras contemplaba su macabra obra, pero eso está en discusión.

También se atribuye al Imperio Romano la creación del primer cuerpo de bomberos bajo el gobierno de César Augusto.

Otro incendio famoso fue en Londres el 5 de septiembre de 1666, que aunque arrasó con gran parte de la ciudad trajo también un gran beneficio, pues hizo declinar la epidemia de peste que asolaba Inglaterra por esos tiempos al eliminar a las ratas y sus huéspedes, las pulgas, verdaderos vectores de la enfermedad; aunque, si los ingleses de esa época se hubieran bañado y lavado sus ropas con regularidad, puede que la epidemia no hubiera prosperado.

Entonces, podríamos afirmar que el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el fuego, siempre que arda bajo control, y mantenerlo de esa forma es crucial para que no ocurra lo que relata este otro cuento que se trata de un tartamudo; dicen que llegó a donde estaba otro individuo diciendo: “fu… fu… fu…” y no acababa de soltar la palabra. El otro le dijo entonces “dímelo cantando” y el tartamudo entonó “fuego, candela, que se quema tu casa”.

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