Crónica de lunes: el celular

Diseño: Gilberto González García

Para quien nunca ha tenido un teléfono móvil, adquirirlo es algo así como volver a nacer, o al menos volver a la escuela por el primer grado.

Sí, porque el poseedor del flamante dispositivo tendrá que empezar a aprenderse toda una gama de colores, figuras y palabras. Incluso quien ya posee un móvil y cambia de modelo o de sistema operativo tiene que aprender cuál figurita sirve para qué cosa.

No escapan a este intríngulis quienes ya tienen conocimientos previos de informática, porque los sistemas operativos de los móviles y tabletas nada tienen que ver con los acostumbrados en las computadoras de buró o las portátiles.

Ahora ya los programas no se llaman programas, sino aplicaciones; los ratones, teclados y mousepads desaparecen para ser sustituidos por el dedo sobre la pantalla, o el lapicito que no escribe y ya empiezan a controlarse por la voz. A esos teléfonos solo les quedan dos o tres teclas, excepto en algunos modelos ya obsoletos.

Aquello de que cuando usted tenía dudas acerca del funcionamiento de un programa solo tenía que apretar la tecla F1 para acceder a la ayuda ya se perdió también; la mayoría de los dispositivos móviles ni siquiera tienen ayuda y hay que preguntarle a alguien que sepa más que uno o arriesgarse a probar para ver qué pasa.

Todo un glosario de palabras nuevas (o con nuevos significados) se abre ante nuestros ojos. Hace unos cuantos años usted escuchaba la palabra “androide” y en su mente se formaba la imagen de un robot con forma humanoide, ahora es un concepto abstracto, porque al androide que habita en el interior de su móvil usted no puede verlo.

En fin, son muchos los cambios desde el punto de vista tecnológico, pero… también en el comportamiento humano. Por ejemplo, si usted ve a un individuo que se acerca hablando en voz alta y gesticulando, fíjese bien antes de tomarlo por loco, pues puede que esté hablando con alguien a través de un dispositivo de “manos libres” insertado en su oreja y el teléfono lo lleve en el bolsillo.

Si observa a una jovencita con unos auriculares puestos y que viene bailoteando, tampoco es orate, es que está usando el teléfono como reproductor de música.

En Cuba han proliferado mucho los teléfonos portátiles, ahora con nuevas prestaciones como los datos móviles que, bien utilizados, son una excelente opción; sin embargo todavía muchas personas los usan como bíper, es decir, cuando reciben una llamada la rechazan y luego buscan un teléfono fijo para comunicarse con quien lo llamaba.

Si a usted ha extraviado su móvil porque no sabe en qué parte de la casa o la oficina lo dejó, no hay problemas, solo llame desde otro teléfono y fíjese desde donde llega el sonido. Eso si no le ocurre lo mismo que a este cronista, que no logra aprenderse de memoria el número de su celular.

Estas y otras situaciones hilarantes pueden suceder, como la que se le presentó a aquel individuo al que le robaron el móvil y cuando fue a hacer la denuncia dijo que, por casualidad, había retratado al ladrón segundos antes de ocurrir el robo. “¿Dónde está la foto?” preguntó el policía y el hombre contestó: “En el teléfono”.

Sin lugar a dudas los teléfonos móviles inteligentes, con toda su gama de aplicaciones y facilidades, ya se han convertido en un recurso vital para la sociedad moderna y es seguro que el galopante desarrollo tecnológico hará que muy pronto sean más útiles, más pequeños, más baratos y más necesarios, hasta que algún día no sean más que un pequeño circuito implantado dentro de nuestro cuerpo; entonces comenzaremos a convertirnos en androides.

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