
Arco que da entrada al cementerio Cristóbal Colón. En la cúspide se encuentra un grupo escultórico que representa las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. El semicírculo de mármol (más claro en la foto) es la tapa de donde se dice que reposan restos humanos. Foto: Gilberto González García
La necrópolis Cristóbal Colón, de La Habana, guarda muchas curiosidades entre la solemnidad de sus sepulcros, pues hay personas a las que se les ocurren cosas inverosímiles incluso relacionadas con el descanso eterno.
Entre esas curiosidades no falta la leyenda de que en la parte más alta del arco que da entrada al camposanto se encuentra un nicho con restos humanos ¿Quién o quiénes reposan allí? no se sabe, como tampoco se puede asegurar que sea cierto.
Lo que sí se recoge en sus anales como algo probado es que este es uno de los pocos cementerios de países primordialmente católicos en que se puede encontrar un difunto enterrado de pie.
Se trata de Casimiro Rodríguez Carta, un individuo que siempre tuvo suerte y por ello pensó que debía reposar así en su postrer morada. Cuentan que al solicitar que lo enterraran en esa posición dijo: “Yo nací de pie y así debo también irme al más allá”.
La historia de este individuo es más que curiosa, pero poco digna de imitar, porque era una persona cuya vida solía transcurrir al margen de las leyes, sin embargo, parece que estaba favorecido por la diosa Fortuna.
Casimiro fue condenado a la pena de muerte en el año 1918 por asesinar al alcalde de Cienfuegos, pero consiguió que le conmutaran la pena por la de cadena perpetua y lo trasladaran para que purgara su pena en el Castillo del Príncipe, que a la sazón era la cárcel de La Habana.
Ocurrió entonces que María Teresa Zayas, la hija del entonces presidente de la república, Alfredo Zayas, solía visitar el precinto para realizar “obras de caridad” y en esas visitas se enamoró de Casimiro… y ¿él de ella? Quizás, aunque siendo un individuo de pocos valores morales puede que haya visto la posibilidad de sacar ventaja, lo que fue cierto al fin y al cabo.
Tras un furtivo y apasionado romance entre rejas, la muchacha, muy bonita por cierto, consiguió de su padre que le concediera el indulto al amante y, más que eso, le consiguió importantes puestos en el Gobierno, con jugosos sueldos para que su retoño no fuera a pasar penurias económicas junto al flamante esposo.
Así transcurrió la vida de este afortunado individuo, quien ganó de un solo tirón libertad, amor y fortuna y, no contento con ser enterrado de pie y confiando ciegamente en su buena estrella, se hizo acompañar en su viaje eterno por el fusil con que había ultimado al alcalde cienfueguero, hecho que, a fin de cuentas, había desencadenado los acontecimientos que lo habían llevado a la felicidad.
Cosas inverosímiles que ocurrieron durante la vieja república en Cuba.

