¿Le ha sucedido a usted que siente un olor y lo transporta a un evento de su vida pasada? Es un fenómeno bastante común y pudiera decirse que los seres humanos tenemos “memoria olfativa”.
La reacción puede ocurrir de dos maneras, en la primera de las cuales el olor es perfectamente reconocible. Por ejemplo, usted pasa frente a una casa en la están cocinando calamares, cuyo olor es penetrante e inconfundible, y eso le hace recordar, conscientemente, aquella época de su vida en la que usted comió con frecuencia la carne de esos cefalópodos, que por cierto no le gusta ni un poco.
La otra manera es más sutil, es un olor indefinido, pero amable y cercano y los recuerdos que le traen tampoco son tan precisos, sino más bien abstractos. Como cuando usted era niño y estudiaba en un colegio interno, y al llegar a su casa el sábado al medio día para pasar el fin de semana lo envolvía un olor familiar que lo hacía sentir seguro y relajado.
El aroma de algo que se está cocinando, de un perfume o un ambiente determinado puede retrotraernos a momentos, lugares o personas de tiempos pretéritos. Aunque algunos olores también pueden traernos recuerdos desagradables.
También podría ocurrir de manera inversa, es decir que sea otro el fenómeno que dispare los recuerdos y sea tan fuerte la impresión que usted pueda incluso sentir el olor relacionado con el suceso memorizado.
Los olores tienen un importantísimo lugar en la percepción del mundo que nos rodea, sin ellos estamos como perdidos, e incluso la falta del sentido del olfato puede poner en riesgo muestra vida ante la presencia de una sustancia tóxica regada en el aire o un alimento en mal estado.
También juegan un importante rol en nuestra psicología al crearnos estados de ánimo pasivos o bien excitarnos.
Desde hace algún tiempo y como tratamientos alternativos o paralelos para alguna dolencia, puede usarse la aromaterapia o aromatoterapia, una técnica en que se recurre a los olores para aliviar tensiones y mejorar la respuesta del organismo.
Una fragancia puede ser delatora, cuántos matrimonios no se han roto porque uno de los cónyuges ha detectado en su pareja el olor de otra persona, y cuántos delincuentes han sido descubiertos por su olor característico.
A través de los miles de años que ha durado la evolución de los seres humanos debemos haber perdido un gran por ciento de nuestra habilidad olfativa a causa de los cambios en el ambiente que nos rodea, el uso de esencias, desodorantes, aromatizantes, condimentos para las comidas y otras sustancias propias de la modernidad, pero a los hombres primitivos el olfato debe haber sido primordial para la supervivencia.
Aunque hay personas que piensan que el sentido del olfato no es para nada importante, o bien carecen de él. Son aquellos que, acabados de levantarse, son capaces de subirse a un ómnibus despidiendo olores más terroríficos que los que podrían emanar de una mofeta.
El eminente médico y pedagogo cubano Mario Emilio Dihigo Llanos, en el capítulo dedicado a la higiene en uno de sus libros, concluyó que: “La humanidad se divide en dos bandos: los que usan desodorante y los que se creen que no lo necesitan, pero que también lo necesitan”. Este gacetillero ampliaría el concepto, diciendo que además están los que se creen que no es necesario el baño diario, pero que también lo necesitan.

