Crónica de lunes: juegos callejeros, la quimbumbia

Imagen tomada de Juegos tradicionales infantiles en León

Imagen tomada de Juegos tradicionales infantiles en León

Cuba tiene una rica tradición en juegos callejeros que desafortunadamente se van perdiendo ante el empuje de las nuevas tecnologías y el incremento del nivel de vida.

Es una lástima, porque esas manifestaciones lúdicas, en su mayoría, contribuyen a despertar la creatividad, fomentar lazos sociales, incrementar la competitividad y desarrollar habilidades, entre otras virtudes; aunque es necesario reconocer que otros juegos, o más bien la forma de ejecutarlos, podía también promover valores negativos.

La historia de miseria y desigualdad vivida por el país desde que fue colonizado por España hasta que los barbudos llegaron a La Habana para cimentar una sociedad mejor, hizo que muchísimos niños no pudieran disponer de los más modestos juguetes y tuvieran que recurrir a recursos insospechados para poder dar rienda suelta a sus afanes infantiles. Así, las botellas vacías podían convertirse en poderosos bueyes o unos trapos viejos, hábilmente cosidos, serían una linda muñeca.

Otros juegos fueron heredados de la metrópoli u otros países y luego ajustados y modificados según el parecer de los participantes y las posibilidades materiales que tuvieran.

La quimbumbia, el pon, los juegos de bolas, las postalitas, las cuatro esquinas, los escondidos, los pegados, el taco y la prenda escondida son algunos de los juegos que se practicaban con asiduidad. Muchos de ellos incluso no requieren de instrumentos para su realización.

La quimbumbia es un juego de terreno, para el que solo se necesita un pedazo de madera cilíndrico de ocho o 10 centímetros de largo y unos tres de grosor al que se le han aguzado los extremos hasta darle forma de huso y otro de unos 50 centímetros de largo y sin las puntas afiladas.

Por lo general ambas piezas son obtenidas del mango de una escoba en desuso aunque es muy probable que más de un muchacho se haya metido en problemas con sus padres por romper la escoba de la casa y quizás en los campos se optara por usar madera rústica para construir esos aditamentos.

Es muy sencillo y lo pueden jugar solo dos personas, aunque admite uno o dos participantes más. Primero se traza una línea en el suelo sobre la cual se coloca el taco con forma de huso y uno de los jugadores intenta golpearlo por uno de los extremos con el palo más largo para hacerlo saltar y luego poder batearlo lo más lejos posible mientras que el otro participante, colocado a una distancia prudencial, intenta atraparlo antes de que toque el suelo.

El bateador pierde su turno si el otro atrapa el taco, si falla un número determinado de intentos en batearlo o si lo batea fuera del área. Las dos últimas reglas son pactadas entre los jugadores antes de iniciarse el partido.

Si juegan más de dos la cosa se hace más difícil al bateador, porque hay más posibilidades de que el taco sea capturado en vuelo. Cuando el bateador pierde el turno se va al campo y uno de los otros jugadores lo reemplaza. Lo más común es que solo participen dos o tres jugadores.

Algunas familias estaban en contra de la práctica de ese entretenimiento, argumentando que un palo con las puntas afiladas volando hacia un muchacho podía ser peligroso.

El origen del juego y de la palabra que le da nombre no se ha podido precisar, pero según el profesor Humberto López Morales, el vocablo tiene origen africano y también existe una referencia a un juego infantil de ese mismo continente, llamado quimbumbia o cambumbia, consistente en mantener en equilibrio una tabla larga usando los pies mientras se canta, pero la fuente de esta información no está confirmada.

Un juego muy parecido se conoce en España con el nombre de billarda, aunque este es mucho más complejo que el que solía jugarse en Cuba, según lo describe el Profesor Honorario de la Universidad de León, Juan J. Rosa Sánchez.

Lo cierto es que los juegos forman parte importante de las tradiciones de cualquier país y son esenciales en el desarrollo de los niños. En Cuba las autoridades de cultura y deportes han reconocido esa importancia y desde hace algunos años se organizan en La Habana festivales de juegos tradicionales, una iniciativa que debía extenderse al resto de las provincias.

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