Crónica de lunes: la agenda

La importancia de tener una agenda. Diseño: Gilberto González García

La importancia de tener una agenda. Diseño: Gilberto González García

¿Ha tenido usted alguna agenda, ese cuaderno que se utiliza para planificar las actividades? ¿La ha utilizado con ese fin? Veamos algunas consideraciones sobre esos adminículos.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, agenda es: 1: lo que ha de hacerse; 2: relación de los temas que han de tratarse en una reunión; 3: relación ordenada de asuntos, compromisos o quehaceres de una persona en un período determinado y 4: libro, cuaderno o dispositivo electrónico en que se apunta, para no olvidarlo, aquello que se ha de hacer.

Pero la agenda, en esa última acepción, es decir el libro, va mucho más allá de esa simple descripción, porque puede convertirse en otras muchas cosas. Por ejemplo, en un modo de vida. Sí, porque hay personas que no la sueltan ni para bañarse.

Para esos sujetos resulta como una extensión de su cuerpo, algo así como un tercer brazo. La agenda les da personalidad, prestancia, infunde respeto en quienes lo miran. Andar con ese libro bajo el brazo les hace parecer individuos importantes. Eso creen ellos.

Usted ve a un hombre vistiendo una guayabera, con varios bolígrafos en el bolsillo y una agenda en la mano y automáticamente piensa que se trata de un dirigente, un ejecutivo, un gerente o algo por el estilo. Pero, en la mayoría de los casos es solo apariencia.

Muchos poseedores de agendas, entre los que se incluye este cronista, no las utilizan para el fin para el que fueron concebidas, sino como simple libreta de notas, por eso prefieren aquellos diseños con pocas imágenes y mucho espacio para escribir.

Otros llevan entre sus páginas cuanto documento deben transportar y en ocasiones, en lugar de escribir en la agenda lo hacen en papeles sueltos que luego guardan dentro de ella. Lo hacen para no llenarla con anotaciones que consideran provisionales o de poca importancia.

Así la agenda se va hinchando como si estuviera embarazada y llega el momento en que su propietario debe recurrir a una banda elástica para evitar que se le abra y se le rieguen los papeles. Lo más interesante resulta cuando deben encontrar una nota dentro de aquel revoltijo.

Una agenda puede también servir como regalo y en ocasiones salvarnos de un compromiso olvidado. Si se nos pasó el cumpleaños del amigo o el colega y tenemos a mano alguna agenda sin usar se la regalamos y salimos del aprieto. No importa que ya se esté acabando el año para el que fue diseñada. Algo similar ocurre con los almanaques, pero esa es otra historia.

En los eventos, digamos los congresos, suelen regalarle a cada participante una agenda y un bolígrafo. Desde hace algún tiempo, en los congresos organizados por organismos importantes se estila regalar una memoria flash conteniendo todos los documentos que se verán en esa reunión.

En esos casos, tanto esos dispositivos digitales, como las agendas y bolígrafos suelen tener impreso en su exterior el logotipo de la convención o venir en unos estuches muy simpáticos o unas bolsas con la consabida propaganda, en incluso algunos regalan portafolios. Mas ocurre que, si el evento es de menor importancia, puede que lo que le entreguen sea un bloc de hojas en blanco y un bolígrafo desechable.

Otra agenda que estuvo muy de moda hace algunos años  es la electrónica. Usted se concertaba una cita con un amigo, quizás con el simple propósito de tomarse unas cervezas, y el tipo le decía: “Espérate” y sacaba del bolsillo la agenda electrónica para comprobar si no tenía ocupada la tarde del sábado en otros menesteres. Entonces ajustaba la fecha y tecleaba «TOMAR CERVEZA CON JUAN».

La agenda electrónica, como otros dispositivos, ha cedido ante los teléfonos móviles que tienen cada vez más prestaciones, por los que aún posean una pueden sentirse afortunados, pues son verdaderos objetos museables. Quien escribe estas líneas conserva una que en la actualidad solo usa como despertador.

Así ocurre con todo en la vida, las cosas que hoy nos parecen muy modernas mañana pasan a ser vejestorios olvidados en un rincón o acaban en la basura. El mundo, no solo se mueve sobre su eje y en su órbita, sino que avanza incontenible hacia un futuro que hoy nos parece lejano e incierto. Pero la agenda, la del libro, se resiste a desaparecer, porque nos da personalidad, prestancia, infunde respeto en quienes nos miran. Andar con ese libro bajo el brazo nos hace parecer individuos importantes. Eso creemos.

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