
Las parcas, escribían el destino de las personas en las paredes de un enorme muro de bronce y nadie podía borrar lo que ellas escribían. Se llamaban Nona, Décima y Morta. En griego Cloto, Láquesis y Átropos. La primera era la encargada de hilar, la segunda de tejer y la tercera de cortar el hilo de la vida.
La muerte es una cosa muy seria y compleja desde el punto de vista psicológico y social y cada cultura la asume de manera diferente, pero casi siempre marcada por la aflicción, el respeto y la veneración.
Sin embargo, aunque a nadie le gusta que se le muera un pariente o un amigo, eso no quita para que la inevitable también pueda ser víctima del choteo, que muchas veces resulta cruel.
Puede que la primera personificación de la muerte que ha llegado hasta la sociedad moderna sea Morta, una deidad infernal de la mitología romana encargada de cortar el hilo de la vida a quien le había llegado la hora.
Para los griegos Thanatos era el guardián del inframundo y dios de los muertos; de hecho, muchas palabras de uso actual relacionadas con la muerte se forman a partir de ese nombre, como tanatofobia, tanatología, tanatomanía, etc.
Otras culturas antiguas tenían sus representaciones propias de la muerte. Por ejemplo, los aztecas a Mictlantecuhtli, dios de la parte más profunda del sitio de descanso eterno; los incas a Supay; los irlandeses a Donn; los chinos a Meng Po, la señora del olvido, y los celtas a Ankou, personificado como un hombre esquelético que cuida las tumbas y las almas.
Además está la más universal, el esqueleto vestido con negra túnica y capucha, que porta en su mano una guadaña con la que siega la vida a las personas.
Mucho cuidado debe tener la Parca en su oficio pues, como reza el refrán: nadie se muere la víspera y ella no debe llevarse a quien no esté en su plan de trabajo, como le sucedió al hombre del cuento que, enterado de que vendrían pronto a buscarlo para el último viaje, se afeitó la cabeza y se dejó crecer un descomunal mostacho; mas, al llegar la muerte a cumplir su nefasta tarea y no reconocerlo se dijo: “Bueno, no importa, me llevo al calvo bigotudo”.
Nuestro Cuentero Mayor, Onelio Jorge Cardoso, en su cuento Francisca y la muerte, se burla de la huesuda dama cuando la hace recorrer, durante todo el día, escabrosos senderos rurales en pos de Francisca, quien siempre está ocupada ayudando a algún vecino y se mueve con tal diligencia que la pelona no logra alcanzarla.
Según la opinión de muchas personas, morirse es más natural que nacer, porque para que asome una nueva vida al mundo deben confluir muchas circunstancias concatenadas, mientras que para morirse solo se requiere estar vivo.
La muerte y las costumbres funerarias se asumen de diferentes formas que suelen cambiar para ajustarse al desarrollo social. En Cuba está muy de moda actualmente la cremación, que acorta y en muchos casos elimina los prolongados funerales en los que se vela el cadáver aproximadamente por 24 horas.
Es de imaginarse que muchas de las personas que asisten a esos velatorios lo hacen obligados por convencionalismos sociales, sin tener un lazo verdaderamente sentimental con el difunto, y ahí surgen algunas formas poco ortodoxas de conjurar el tedio, como la de hacer chistes en voz baja, casi siempre relacionados con muertos y velorios.
Suelen ocurrir situaciones absurdas, como aquella en la que en medio del funeral se apareció el hombre al que supuestamente estaban dando el último adiós. El individuo, un hombre que pasaba de los 60, llevaba varios días de juerga y lo daban por muerto al haber encontrado el cadáver de alguien que se le parecía mucho.
Una situación similar es magistralmente representada en el filme Esperando la carroza, del argentino Alejandro Doria, quien aprovecha la ocasión para deshilachar hebra por hebra los conflictos de una familia marcada por la desigualdad y la hipocresía. La cinta cuenta con la genial actuación de Antonio Gasalla, travestido en el personaje de mamá Cora, la supuesta difunta.
Lo cierto es que la muerte, trágica y temida por la mayoría, musa de muchos artistas, protagonista de historias y leyendas y víctima de bromas y chistes, es también vista por algunas personas de pensamiento profundo como lo que realmente es, algo muy natural, sobre todo tras una vida fecunda.
El Héroe Nacional de Cuba, José Martí, escribió: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida” y reforzó esta idea en su poesía: “Cuando al peso de la cruz / El hombre morir resuelve, / Sale a hacer bien, lo hace, y vuelve / Como de un baño de luz” y “[…] Cuando se muere / En brazos de la patria agradecida, / La muerte acaba, la prisión se rompe; / ¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!”
El escritor francés François Mauriac afirmó que “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente”.
El genial inventor, investigador y artista de la plástica Leonardo Da Vinci opinaba “Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte”.
Y la novelista y periodista chilena Isabel Allende asegura que “La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo”.

