En Cuba hace ya mucho tiempo que no suele escucharse la expresión “lagarto, lagarto”, pues como ocurre con otras tradiciones se va perdiendo con la vorágine de la vida moderna y la evolución de las costumbres y el lenguaje.
Pero hace unos cuantos años atrás, 30 o 40 quizás, era todavía bastante común. Su propósito es muy parecido al de otra expresión que también se usa muy poco ya: ¡solavaya! Ambas se utilizan para conjurar la mala suerte, aunque solavaya (sola vaya) se enfoca más en la muerte porque expresa el deseo de que la Parca se vaya sola, sin llevarse a nadie con ella.
Lagarto, lagarto es una de tantas expresiones coloquiales heredadas de España y, al menos en nuestro país, solía acompañarse con un gesto consistente en llevar al frente ambas manos con los dedos medios cruzados sobre los índices.
El origen de la frase es confuso, tal vez esté relacionado con el hecho de que las brujas medievales usaran lagartos como ingredientes de sus pócimas (al menos eso aparece en los cuentos de magia). Esa tesis no tiene mucho sentido, porque también usaban sapos, culebras, huesos de muertos y distintas yerbas y ninguno de esos elementos dio origen a una expresión similar.
Otra posibilidad es que sea una deformación, un poco en broma, de la palabra “lárgate”.
Aquí, en la mayor de las Antillas, por la gran incidencia africana en las creencias y costumbres, cuando alguien nos augura un mal, solemos decirle “¡No me pongas esa letra!” porque letra llaman a las predicciones que hacen los babalaos*.
Según las personas supersticiosas, la mala suerte se puede presentar en muchas formas y por numerosas causas y existen verdaderos tratados al respecto, aunque para quienes ven el mundo de una manera más realista casi todas mueven a risa.
Aquí van algunas de las más socorridas: cruzarse con un gato negro, tal vez porque los felinos de ese color eran compañeros inseparables de las brujas o simplemente porque tienen un aspecto enigmático. También romper un espejo, cruzar por debajo de una escalera, que se derrame la sal, abrir un paraguas bajo techo, mecer un sillón vacío, levantarse de la cama con el pié izquierdo, romper fotografías, el graznido de las lechuzas, matar un grillo (en China se cree que estos insectos traen buena suerte) y vender lo que nos regalan. En el último caso tiene lógica, si quien nos hizo el regalo llega a enterarse.
En el hogar o el centro laboral no deben guardarse cosas muertas, como flores secas, animales disecados, incluso las conchas. Entonces puede inferirse que los museos de ciencia natural son antros de mala suerte.
Tampoco debe haber pinturas y fotografías con imágenes de desastres naturales o que provoquen emociones negativas.
Son de mal augurio los objetos impares; así que si se le extravió un zapato no dude en deshacerse del otro. Lo malo es que cuando aparezca el extraviado va a ser entonces el objeto impar que habrá que botar también.
Acarrean desgracias los relojes que se detuvieron, no sabemos si por rotura o simplemente porque se les acabó la cuerda o se les agotó la batería, si son electrónicos.
Una escoba desgastada es fuente de mal hado. Claro, porque ya lo dice el refrán: “escobita nueva barre bien” y la vieja deja parte del polvo a su paso.
Las pequeñas basuras en el bolsillo, la cartera o el bolso ¡Sin comentario!
Todas las cosas que no se usan desde hace más de tres años y en general las cosas viejas.
Los cristales rotos, en especial los espejos; así como, adornos de porcelana o barro con alguna rotura, platos o vasos rajados o a los que falte un pedazo.
Y el número 13…
Para librarse de la mala suerte, o atraer a la buena, recomiendan usar la sal, colocándose una pizca sobre el hombro izquierdo, pues si se hace sobre el derecho el efecto es el inverso; bañarse con agua a la que se le ha añadido sal (en el mar no se vale, sino en la bañera a la que se añaden dos cucharadas de sal de cocina), o echar dicha sustancia en las esquinas de cada habitación.
También se puede quemar incienso, preferiblemente con aromas de sándalo o jazmín, y si se piensa quemar más de una varilla que sea un número impar. Qué raro, antes decían que las cosas impares atraían la mala suerte.
Otra forma, quizás la más común, es usar amuletos, como llaves, patas de conejo, una hoja de trébol o un dije con forma de hoja de trébol de cuatro lóbulos; las piedras preciosas o semipreciosas, como la amatista, y los cristales minerales, como el cuarzo, son también muy utilizados como talismanes.
Para las casas se recomiendan las herraduras y los clavos que se usan para fijar los rieles en las líneas férreas. Ambos elementos deben haber sido usados.
Como se dijo antes, hay verdaderos tratados sobre la mala suerte, los elementos que la provocan y las formas de librarnos de ella. De dónde salieron tantas ideas, quiénes las inventaron o si alguien ha sido capaz de corroborar alguna, son interrogantes que sería muy difícil responder y requeriría de mucho espacio. Lo innegable es que todas esas creencias resultan muy curiosas y forman parte de las tradiciones de todos y cada uno de los pueblos del mundo.
*Babalawo, babalao es el título de la religión yoruba que denota a los sacerdotes de Orunmila u Orula, el orisha de la sabiduría que opera a través del sistema adivinatorio de Ifá. (Nota de la Wikipedia).

