Crónica de lunes: las leyes

Diseño: Gilberto González García

Las leyes son imprescindibles a la sociedad, por supuesto teniendo en cuenta que se cumplan, lo que no siempre sucede, porque sin ellas sería un caos total.

Para que funcionen bien deben ser justas y equitativas y estar diseñadas de forma que beneficien a la mayoría aunque para ello deban perjudicar a la minoría, incluidas aquellas personas que las violan.

También deben ser tan severas como sea necesario para que no resulte en un beneficio su violación, por ejemplo, si al que se roba mil pesos le imponen una multa de 100 el robo se convierte en algo así como un negocio y el castigo en una inversión.

Es también imprescindible que existan y trabajen bien las autoridades encargadas de hacer cumplir las leyes, pues de lo contrario se convierten en letra muerta y dejan de surtir efecto.

Las leyes, de una u otra forma, nacieron con el mismo ser humano, porque todos individuos que viven en comunidad tienen que guiarse por normas, aunque en el peor de los casos sea la ley del más fuerte la que impere, y con el desarrollo de la sociedad continuaría siendo así; no hay que olvidar que quien escribe la ley es quien tiene el poder.

Se cree que fue en Mesopotamia, en el 2350 antes de nuestra era, que se escribió el primer conjunto de leyes, el Código de Urukagina, conocido sólo por referencias, y luego, en el 2050, el Código de Ur-Nammu que ya establecía jueces especializados, el testimonio bajo juramento y la facultad de los jueces de ordenar al culpable la indemnización de perjuicios.

Más tarde llegó el Código de Hammurabi, esculpido en una lápida de piedra que hoy se conserva en el museo del Louvre, en París. Regulaba la aplicación de la Ley del Talión, esa que dice “ojo por ojo y diente por diente”. Es también uno de los más tempranos ejemplos del principio de presunción de inocencia, pues sugiere que el acusado o el acusador tienen el derecho de aportar pruebas.​ Fue escrito en 1750 antes de nuestra era por el rey Hammurabi, de Babilonia, y ya contenía preceptos sobre la familia.

Por supuesto, en este cuerpo legal las sanciones eran descomunales y sin posibilidades de reeducación o recuperación; establecía, por ejemplo, que si un hijo le pegaba a su padre se le cortara la mano.

Hasta los piratas tenían sus reglamentos, los que se firmaban independientemente en cada barco y se hacían bajo juramento solemne. Solían contemplar los propósitos de las operaciones a llevar a cabo, el reparto del botín, la compensación para los piratas heridos y el establecimiento de la obediencia a los superiores.

La solemnidad del juramento se garantizaba realizándolo con una mano sobre la Biblia y la otra en una botella de ron, o con una sobre un crucifijo y la otra en un hacha de abordaje.

Entre los delitos a ser considerados se incluían ocultar lo robado, robar a los camaradas o hacer trampa en el juego y las sanciones variaban entre ser entregado a las autoridades o ser abandonado en una isla desierta.

Existen otras leyes que no pueden ser vulneradas y cuando las personas lo intentan las consecuencias suelen ser fatales, no solo para los transgresores sino también para los demás; estas son las leyes de la naturaleza.

Las leyes naturales no cambian, pero las humanas sí son susceptibles de variar de acuerdo con las circunstancias. Adecuarlas al contexto social, económico y político es una sabia decisión, siempre que sea para el bien de la comunidad; por eso resulta tan importante el proceso de análisis a que está siendo sometido en estos tiempos el proyecto de la nueva Constitución cubana. Realizar con mucha responsabilidad este paso para que nuestra Carta Magna se acerque lo más posible a la perfección es un deber ciudadano de primer orden.

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