Crónica de lunes: las suegras

Suegra. Foto Internet

Foto: Internet

Algunas frases populares en Cuba se están perdiendo, lo que es una verdadera lástima, porque, como otras muchas tradiciones forman parte de nuestro bagaje cultural y deben ser protegidas de alguna manera.

Entre esas frases hay varias que aluden a las suegras —¡Pobrecitas las suegras!— porque a ellas se les atribuyen malas actitudes que, en la mayoría de los casos, no son reales.

Uno de esos dichos está relacionado con esos golpes que nos damos en un punto específico del codo y que hacen que nos recorra el brazo una sensación como de un corrientazo de alto voltaje, además del intenso dolor que dejan. A esos se les dice golpes de suegras.

Cuando se hace una limpieza muy superficial en la casa, sin mover los muebles y, como también se dice “por el trillo”, es que se está limpiando por donde ve la suegra. Claro, en el caso que la señora solo venga de visita y para que crea que la higiene doméstica es perfecta, cuando en realidad el polvo se acumula debajo del sofá.

Es que las suegras tienen fama de inmiscuirse en los asuntos que atañen únicamente a la pareja, aunque muchas veces tienen razón en sus observaciones porque están asistidas por la experiencia de los años vividos. Por supuesto que todo tiene que ser con moderación.

La madre del integrante masculino del matrimonio suele encontrarle muchos defectos a la esposa, al menos de eso la acusan. Que si no lava bien la ropa, que si es mala cocinera, que si se pintarrajea mucho la cara para ir a trabajar, que si deja a los hijos hacer lo que les da la gana… en fin.

Por su parte, la madre de la mujer censura al marido porque no ayuda en la casa, porque no gana suficiente dinero, porque se demora en llegar al hogar después del trabajo y hasta por ser feo.

A los nietos quieren educarlos a su manera, sin tener en cuenta la autoridad materna y paterna y se pasan el tiempo criticando todo lo que hacen los muchachos.

Eso es cierto y mucho más, aunque como se dijo al principio, no en todos los casos, ni siquiera en la mayoría, que es la que hace la regla; el resto es caricatura para denigrar a las suegras, muchas de las cuales son verdaderos ángeles.

A la hora buena no se tienen en cuenta las veces que la suegra se queda a cuidar a los niños para que el matrimonio pueda salir a pasear, las veces que ayuda en los quehaceres de la casa o cuando cuidó al yerno ingresado en el hospital a causa del zika. En verdad, la mayoría de las suegras son de oro puro.

Y ¿qué pasa con los suegros? Nadie los juzga ¿Por qué? El marido, porque el suegro comparte con él el vicio por el béisbol o el fútbol o el juego de dominó y la botella de ron el domingo por la tarde y quizás hasta el piropo subido de tono a la vecina cuando pasa levantando torbellinos de aire y sentimientos con el balanceo de sus caderas. Por su parte, el suegro de la esposa solo le reprocha ser flaca o poco agraciada.

En resumen, eso de que las suegras son malas, entrometidas, criticonas y mandonas es relativo, cada quien es como es y así se manifiesta en todas las aristas de su vida, incluyendo las relaciones con sus yernos y nueras. Lo demás son leyendas urbanas, algunas de horror y de misterio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *