Crónica de lunes: lo bien hecho

Propósitos para el nuevo año. Diseño: Gilberto González García

Se acerca un nuevo año y, como en cada ocasión, nos motiva un sinnúmero de reflexiones acerca de lo ocurrido y lo que está por venir.

Nos lamentamos de lo que no logramos y nos hacemos promesas para el futuro; dejar de fumar, cambiar de trabajo, encontrar pareja o arreglar aquella grieta que año tras año nos mira, burlona, desde la pared.

Nos parece que el año que termina se nos ha ido de las manos aceleradamente y que no nos dio tiempo para cumplir con las promesas que nos habíamos hecho unos días iguales de un período calendario anterior.

Con frecuencia recurro a los refranes de mi madre, una mujer sabia con sexto grado de escolaridad, y cuanto transcurren los últimos días de diciembre siempre recuerdo este: “Lo bien hecho, bien parece”.

Ella lo repetía con mucha frecuencia cuando alguien estaba por hacer una chapucería, o la estaba haciendo.

No siempre las cosas salen bien, sea por falta de talento o de cuidado. Cuando lo que falta es aptitud hay poco que hacer, aunque en parte puede suplirse con aprendizaje y práctica, pero el descuido solo depende del empeño que pongamos en la tarea y es imperdonable.

Por eso, cuando nos trazamos planes, lo primero que tenemos que prometernos es poner todo el cuidado necesario para que el fruto de nuestro trabajo sea merecedor de elogios y no de críticas.

Hay múltiples ejemplos de cosas que no están bien hechas; productos que llegan al consumidor sin el mínimo de calidad requerido, acciones que dejan mucho que desear, maneras inadecuadas de tratar a nuestros semejantes cuando les brindamos un servicio…

Cuando se quiere hacer se buscan soluciones y cuando no, entonces se buscan justificaciones, se ponen pretextos o se culpa a alguien, y como nos atrincheramos en esos recursos, continuamos haciendo mal las cosas pensando que no nos queda otro remedio.

Pero, ciertamente no es así, siempre se puede mejorar cuando, como cantaba Teresita Fernández, le ponemos un poco de amor a lo que hacemos.

Por eso, amigo lector, para el año que viene, además de prometerse a sí mismo dejar el cigarro, reducir el consumo de alcohol o buscarse un amor, hágase el firme compromiso de hacerlo todo mejor, en su trabajo, en sus estudios y en sus relaciones personales, y si se decide a reparar la grieta de la pared hágalo de forma tal que, después de una manito de pintura, no se note el remiendo.

Verá como la vida le sonríe.

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