Crónica de lunes: los caprichos

Diseño: Gilberto González García

La palabra capricho tiene varios significados, entre los que se encuentran, una obra de arte que transgrede las reglas, un antojo o deseo pasajero y el objeto de ese deseo, así como un propósito que uno se forma sin razón aparente.

El capricho musical suele ser algo bello y relajante para quienes gustan de la llamada música culta o clásica. El término comenzó a usarse en el siglo XVI, para nombrar una pieza musical habitualmente de forma libre y de carácter vivo y animado, fundamentalmente instrumental que puede compararse con un estudio. Por lo general es de naturaleza rápida, intensa y a veces virtuosística. También se aplica a obras de las artes plásticas como los famosos caprichos de Goya.

Además, el diccionario define como capricho al deseo o antojo pasajero que asalta a una persona, por ejemplo cuando pasa frente a una dulcería y la boca se le hace agua al contemplar los apetitosos dulces que quizás no pueda darse el lujo de comer por falta de dinero o porque padece diabetes. Esta sensación suele pasar cuando la parte práctica de la conciencia de esa persona la trae a la realidad.

En esto de los antojos las campeonas son las mujeres embarazadas, sobre todo en una etapa temprana de la gestación, cuando le asedian deseos irresistibles de ingerir alimentos con determinado sabor y que a veces no son verdaderamente comestibles; una amiga de la infancia, por ejemplo, no podía resistir la tentación de comer hojas de trébol.

Los maridos complacientes con la esposa en esta etapa deben ser muy cuidadosos para que ella no se lleve a la boca cosas inadecuadas, pero también deben ser precavidos ante la posibilidad de que su media naranja se “antoje” de usar un anillo de diamantes o un collar de perlas, por ejemplo.

Se dice que los caprichos de las embarazadas provienen de un desajuste hormonal y también existe el mito de que el bebé nazca con una mancha en la piel si no se complace un deseo de la madre, pero ninguna de estas dos teorías está comprobada.

En su primera acepción –que en este artículo hemos dejado para el final– el diccionario da como significado de la palabra a la idea o propósito que se forma arbitrariamente, fuera de las reglas ordinarias y comunes o sin razón.

Los psicólogos lo definen como un acto imperfecto de la voluntad, una perturbación del análisis y la estimación de la lógica que, por flojedad de carácter o voluntad débil, merma la potencia de la voluntad y conduce al ser humano a obrar contra la razón.

Este sí es peligroso, mucho más allá del riesgo que pueda entrañar que una gestante se lleve piedrecitas a la boca, porque influye negativamente en el entorno social en que se mueve el encaprichado.

Lo peor sucede cuando la persona que sufre el capricho tiene una elevada posición social y poder sobre sus semejantes; entonces surgen monstruos como Calígula, Napoleón, Hitler y más recientemente podríamos incluir en esa lista a Donald Trump.

Capricho número 24 de Nicolò Paganini. Interpreta David Garret

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