“Cargue con su pesado” reza un cartel que lleva muchos años visible en el famoso bar restaurante La Bodeguita del Medio, en La Habana Vieja, antaño lugar de reunión de artistas y bohemios y hoy visitado por turistas.
El cartel de marras no se refiere seguramente a personas pasadas de peso corporal sino a aquellos que cuando se toman unos tragos –o sin ellos– se ponen algo impertinentes, porque en Cuba llamamos así a personas que manifiestan determinadas conductas desagradables.
Entre los que se tornan pesados cuando ingieren bebidas alcohólicas hay varias categorías bien reconocibles:
Los pegajosos
Estos son los que se le echan encima a usted, lo abrazan, lo besan y le acarician la cabeza mientras balbucean: “¡Mi hermano, mi sangre, mi familia!”. Usted trata de desprenderse de ellos, pero resulta imposible porque parecen tener ocho brazos como un pulpo.
Los locuaces
Los habladores se parecen un poco a los pegajosos en el sentido de que se le enciman exageradamente a sus víctimas, envolviéndolas en sucesivas oleadas de aliento etílico, pero su principal característica es que no paran de hablar… de cualquier tema. Repiten y vuelven a repetir lo que ya dijeron interrumpiéndose a cada instante para pedirle confirmación a usted: “¿Oíste?”, “¿Tú me entiendes?”.
Los conquistadores
Estos son fundamentalmente hombres por naturaleza tímidos, que se miden mucho antes de dirigirse a la mujer que les agrada, pero cuando se toman dos tragos se creen unos donjuanes y se les suelta la lengua para enamorar o piropear a cuanta fémina les pasa por el lado. Lo peor de esta especie es que, como no tienen conciencia completa de lo que están haciendo, muchos de sus parlamentos son ofensivos o groseros.
Los melancólicos
También conocidos como los llorones; son aquellos que, en lugar de beber para olvidar sus penas, lo hacen para recordar aciagos momentos de su vida pasada y contárselos a quien más cerca tienen en ese momento, mientras lo bañan con sus lágrimas.
A esa hora se acuerdan de la muchacha que les rompió el corazón en la secundaria básica, de la noviecita que los dejó por otro tipo más atlético o de la esposa que les puso los cuernos. Pero también lloran por su querida gata Fluflú que hace 10 años murió de vieja. Cualquier motivo para derramar agua salada les viene bien y cuando no les queda ninguno empiezan a llorar porque usted no les está prestando toda la atención que requieren.
Los guapos
Estos son los tipos apocados, que estando en sus cabales no se atreven a tirarle un grano de arroz a una cucaracha, pero cuando beben se creen valientes y se tornan agresivos, buscando entablar pelea con cualquiera y por cualquier motivo. Ellos casi siempre salen bien parados, porque sus víctimas reconocen su estado de embriaguez y no les hacen caso, aunque en ocasiones tienen la mala suerte de enfrentarse a algún intransigente y terminan con un ojo morado. Lo peor que les puede pasar es enfrentarse con otro de su misma especie, porque entonces la bronca no tiene para cuando acabar.
Los jocosos
Tal vez son personas serias cuando no han bebido y su jocosidad solo se manifiesta bajo los efectos del alcohol, aunque hay muchos que no necesitan del estímulo etílico para sentirse como verdaderos comediantes.
Ellos se pasan el tiempo haciendo chistes sin gracia y pretendiendo que quienes están a su alrededor se rían. Pero como no tienen carisma, aunque los chascarrillos sean buenos, a nadie le causan hilaridad.
Algunos se toman tan en serio su papel que se atreven a sacudir por el hombro a su interlocutor mientras intentan explicarle el chiste “¿Entendiste? ¡El tipo era gago!”.
Entre los pesados que se creen graciosos hay que delimitar bien dos especies: los descritos anteriormente y los que lo que hacen son bromas de mal gusto, como esconderle a usted el informe en que ha estado trabajando arduamente durante varios días y que debía entregar al jefe en pocos minutos.
Los insistentes
Estos le piden un favor a usted, o si son sus jefes les encargan una tarea, en ambos casos con determinada fecha para ser realizados. Luego vuelven una y otra vez a recordarles su solicitud aun cuando a usted le quede tiempo de sobra para cumplirla. En ocasiones interrumpen tanto su trabajo que le impiden completar la tarea o el favor.
Epílogo
En Cuba tenemos varias expresiones coloquiales para referirnos a estos individuos. Un par de décadas atrás todavía se decía que eran un “hígado a media noche” por aquello de que los alimentos confeccionados con esa víscera suelen ser difíciles de digerir y comerlos antes de dormir puede resultar en indigestión.
Más contemporánea es la denominación de “chorro de plomo” y más moderna aún es la de “batido de mandarria”.
Los especímenes que hemos descrito son solo algunos entre otros muchos que quizás se nos escapen y usted, amiga o amigo que tuvo la paciencia de leer hasta aquí, conozca personas con otras características que puedan hacerlos clasificar como pesados. Si es así, no dude en comentar este trabajo.

