Desde hace mucho tiempo los perros han sido bautizados con el apelativo de “el mejor amigo del hombre” (y de la mujer, claro está), porque desde épocas inmemoriales anda junto a los seres humanos ayudándolos en disímiles tareas y brindándole su amor incondicional y –casi siempre– su obediencia y lealtad.
Por supuesto que todo es circunstancial, porque el comportamiento de algunos canes es bastante peligroso para las personas. Por ejemplo, se han dado casos de callejeros que se han vuelto cimarrones y con el paso del tiempo han vuelto a las costumbres salvajes de sus ancestros los lobos y han atacado a las personas. Pero esa no es la generalidad.
Sobre esos nobles animalitos se ha escrito bastante. Hay suficientes ejemplos de perros que han desempeñado importantísimos roles en favor de la humanidad, como el caso de Balto, que salvó a toda una aldea al llevar, bajo inclementes condiciones climáticas, la medicina necesaria para combatir una epidemia.
Está Barry, el famoso San Bernardo, que operaba como rescatista en los Alpes y logró salvar a más de 40 personas de perecer por hipotermia. Y cómo olvidarnos de Laika, Belka y Strelka, las perritas que los rusos utilizaron en el desarrollo de la carrera espacial.
En la ficción existen innumerables perros famosos, tanto en la literatura como en la radio, el cine y la televisión: Colmillo Blanco, Lassie, Scooby Doo, Pluto, Toto el perro de Dorita en El mago de Oz, el inquieto y babeante Beethoven, Rin-tin-tin, Droopy, Snoopy, etc.
Los canes y su relación con las personas han generado muchas expresiones, refranes y referencias, la más popular de las cuales es precisamente la que afirma que el perro es el mejor amigo del hombre.
Además está “vida de perros” para ilustrar la existencia de quien está pasando muchas dificultades y necesidades, aunque hay que reconocer que algunos canes viven mejor que muchas personas.
En Cuba, sobre todo en el ambiente rural suele decirse “esta es la hora en que el perro no sigue al amo” para designar ese momento del día en que sube la temperatura y sobre todo si acabamos de almorzar.
“A otro perro con ese hueso” le decimos a quien trata hacernos creer algo que, bien sabemos, es falso; “perro no come perro” quiere decir que no se puede dañar a alguien de igual fortaleza o poder; cuando afirmamos que alguien “es un perro” tenemos la intención de ofenderlo y, según el contexto, puede significar que esa persona es adulona o que es mala, agresiva o de mal carácter.
“Me trató como a un perro”, afirmamos cuando alguien nos trata mal; “me hizo el caso del perro”, cuando no nos atienden o no toman en cuenta nuestras consideraciones; “a quien Dios no le da un hijo, le da un perro”, decimos de aquellos que son capaces depositar todo su amor en su mascota; tener “cara de perro”, resalta a quien muestra un semblante de disgusto o ferocidad, aunque muchos de esos animalitos exhiben expresiones felices y miradas tiernas.
“Perro que ladra no muerde”, se le dice a aquellos que amenazan tanto que se sabe que no son capaces de llevar a término sus amenazas; “amarrar al perro con longaniza”, denota actos disparatados, imposibles, “como el perro del hortelano, que no come ni deja comer al amo”, describe a quien no hace algo y al mismo tiempo impide que los demás lo hagan; “el mismo perro con diferente collar”, algo o alguien que es igual a otro aunque aparenta ser distinto; “ser un perro viejo”, ser alguien astuto o experimentado.
En fin, hay muchas más expresiones relacionadas con estos colmilludos cuadrúpedos; quizás usted conozca otras, pero hemos descrito las más usadas en Cuba. El hecho de que los canes sirvan para tantos refranes y referencias denota su cercanía e importancia para las personas.
Sin embargo, en muchas ocasiones los maltratamos, no les brindamos las necesarias condiciones de vida, los sometemos a crueles entrenamientos para luego hacerlos pelear hasta la muerte o los echamos a la calle y hay hasta algunos seres desnaturalizados que los martirizan por simple diversión.
En cambio, los perros nos han servido durante milenios, trabajando para nosotros, haciéndonos compañía, brindándonos lealtad y protección y hasta sacrificando sus vidas en aras de la ciencia; y por eso les debemos amor y respeto y estamos obligados a cuidar de ellos y tratarlos bien, porque, como expresara el humorista norteamericano Josh Billings: “Un perro es la única cosa en la Tierra que te amará más de lo que tú te amas a ti mismo”.



