
La persistencia de la memoria, obra de Salvador Dalí
El tiempo: para algunos es un verdadero tirano; para otros un eficaz ayudante. En ocasiones nos favorece y a veces perjudica. Pero, háganos bien o mal, siempre lo hace por voluntad propia sin que podamos controlarlo.
Sin embargo, algunas personas consideran que el tiempo es elástico y que pueden estirarlo a voluntad, claro, siempre en detrimento de otros ¿No lo creen? Pues fíjense en el siguiente caso: Un individuo llega a una institución pública y encuentra a la recepcionista hablando animadamente por teléfono, una conversación personal, que conste.
Después de un par de minutos en que la empleada parece no haberse percatado de su presencia, ella alza la vista, tapa el micrófono con la mano y le dice muy amable: “Deme un minuto, por favor; enseguida lo atiendo”.
Para el recién llegado ese minuto vale por 60 segundos pero para la recepcionista parece alargarse inconmensurable, pues después de 15 minutos sigue con su animada cháchara. Entonces parece haberse percatado de la presencia del hombre como si éste hubiera acabado de llegar en ese momento y levanta la mano en gesto de “espérate un momento”. Y allí continúa el pobre hombre, esperando que pase un minuto que parece violentar flagrantemente las leyes de la física.
Según la Teoría de la Relatividad, el tiempo no es una magnitud inmutable y puede ralentizarse en función de la velocidad. Pero, para que el minuto que pidió la recepcionista se alargara hasta ser igual a 20, ella debía estar hablando como a 100 palabras por segundo.
Cuando una persona está inactiva mientras se supone que debía estar haciendo algo, o está haciendo lo que no debería, se dice que está perdiendo el tiempo. No es cierto, el tiempo no puede perderse, transcurre inmutable, sin que alguien pueda evitarlo. Lo que realmente hace esa persona es desperdiciarlo, como ocurre con la recepcionista de marras.
También desperdician su tiempo y el de los demás aquellos que hacen que las reuniones se extiendan innecesariamente, bien porque utilizan en sus argumentaciones más palabras de las requeridas o porque abordan temas que nada tienen que ver con el propósito de la junta.
Otros que no respetan el tiempo ajeno son aquellos que planifican reuniones en horarios en los que se supone que los participantes deberían estar haciendo otra cosa, por ejemplo en el horario de almuerzo.
Por ello, como se asegura al principio de esta reflexión, el tiempo favorece a algunos mientras que tiraniza a otros.
Entre las representaciones más socorridas del tiempo está la de un señor de luengas barbas, enfundado en una túnica y que porta una guadaña. Quizás esa representación se deriva de la leyenda del titán Cronos, uno de los dioses primigenios de la mitología griega, hijo de Gea –la tierra– y Urano –el cielo–, quien castró a su padre con una de esas herramientas para convertirse él mismo en rey de los dioses. Aunque, realmente este personaje no es quien representa al tiempo, sino otro de igual nombre.

La castración de Urano, fresco de Giorgio Vasari y Cristofano Gherardi

