Crónica de lunes: viejas fotos

Fotos, digitalización y diseño: Gilberto González García

Fotos, digitalización y diseño: Gilberto González García

Cuántos recuerdos nos llegan cuando miramos viejas fotografías que estaban medio olvidadas en un rincón de la gaveta y que por casualidad encontramos.

Es que esas fotos en blanco y negro, ajadas y decoloradas por el tiempo, son irrefutables testigos de nuestras vidas, impresiones de memorables pasajes, tristes o alegres, recordatorio de que los años no pasan en vano, referencias de viejos amigos y amores que se alejaron de nuestro camino.

Ahí está nuestra madrecita, muerta hace muchos años; nuestros hijos que ahora ya nos hacen viejos al llenarnos de nietos, pero que en las cartulinas aún son infantes; ahí está aquella novia con la que pensamos echar el resto de nuestra vida, pero que un día viajó para no volver; están plasmados aquellos lugares a los que fuimos, muchos de los cuales ya no podemos visitar, en fin…

Hoy en día las fotografías son algo diferentes, prácticamente no se necesitan conocimientos técnicos para hacerlas; las cámaras digitales permiten tomar y guardar muchas más instantáneas y deshacernos inmediatamente de aquellas que no quedaron bien o que no nos gustan, además, son cada vez más nítidas y coloridas. También suelen tener opciones para detectar pestañeos y sonrisas y captar la estampa en el momento preciso.

Por otra parte, proliferan los teléfonos inteligentes, todos equipados con cámaras que con los adelantos tecnológicos son más y más sensibles y fiables. Captamos las escenas y en pocos minutos ya podemos lograr que las vean todos nuestros amigos, y muchos que casi ni nos conocen.

Quizás por eso la fotografía ha perdido parte de su misterio y su encanto.

Antes, además de poseer la máquina, había que saber manejarla a conciencia, sumergirse en cálculos entre intensidad de la luz, sensibilidad de la película, velocidad del obturador y abertura del diafragma, para obtener una buena imagen. Luego, revelar el negativo e imprimir las fotos en cartulina, lo cual también tiene sus requerimientos, para después poder contemplar nuestra obra.

Entonces podía ocurrir que el sujeto retratado había pestañeado en el momento justo en que el obturador de la cámara se había abierto y ahora parece que estaba dormido… ¡tiempo, trabajo y dinero perdidos! y en la mayoría de los casos la imposibilidad de capturar el momento.

Todo al contrario, en ocasiones la sorpresa o un ligero titubeo lograban obras geniales como la famosa foto que tomara Alberto Korda a Ernesto Che Guevara y que ha devenido la instantánea más famosa del mundo.

Como sea, amigo lector, no pierda las oportunidades de inmortalizar los eventos de su vida y la de sus familiares, sea con una cámara, una tableta o un teléfono móvil, y guárdelas, bien impresas, bien en soportes digitales, para que cuando pasen los años pueda revivir esos momentos, volver a ver a sus hijos pequeños, a su esposa joven, a sus amigos de antaño o a su madrecita viva.

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