Crónica de lunes: viendo a través del cuerpo

Viendo el cuerpo por dentro. Diseño: Gilberto González García

La idea de escudriñar en los más profundos secretos del cuerpo y de la mente es bastante antigua, magos, adivinadores y videntes trataron de revelar los pensamientos, en muchas ocasiones con intenciones malévolas.

Luego surgieron otras técnicas, como la hipnosis o el psicoanálisis con el propósito de penetrar la mente y extraerle sus misterios.

Pero, en cuanto a ver en el interior del cuerpo sin intervención de una cuchilla, eso demoró un poco más.

Por eso el descubrimiento de los rayos X trajo una conmoción mundial, no solo en el ámbito científico sino en el más profano, pues la mayoría de las personas creían que con ellos se podía ver y fotografiar sus cuerpos a través de la ropa. Imagínese la preocupación de las mujeres, en una época en que se usaban faldas largas y blusas abotonadas hasta la barbilla, ante la posibilidad de que se descubrieran los rellenos que sumaban a sus cuerpos.

La historia de esta clase de radiación comienza con los experimentos del científico británico William Crookes, que investigó en el siglo XIX los efectos de ciertos gases al aplicarles descargas de energía.

Estos experimentos se desarrollaban con un tubo vacío, y electrodos para generar corrientes de alto voltaje. Este tubo, al estar cerca de placas fotográficas, generaba en las mismas algunas imágenes borrosas.

Primera radiografía humana

En 1895 el físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen descubrió los rayos X como tal, mientras hacía experimentos con el tubo de Crookes y la bobina de Ruhmkorff para investigar la fluorescencia violeta que producían los rayos catódicos. Tras cubrir el tubo con un cartón negro para eliminar la luz visible, observó un débil resplandor amarillo-verdoso proveniente de una pantalla cubierta con una sustancia sensible a la luz.

Usó placas fotográficas para demostrar que los objetos eran más o menos transparentes a los rayos X dependiendo de su espesor y realizó la primera radiografía humana, usando la mano de su mujer. Los llamó rayos incógnita o rayos X ya que esta letra representa las incógnitas en las ecuaciones. Más tarde pasaron a denominarse rayos Röntgen en honor a su descubridor, pero la mayoría de las personas los sigue llamando X.

La noticia del descubrimiento se propagó con rapidez en todo el mundo y con el tiempo se le encontraron aplicaciones prácticas, la más importante de las cuales está, como se sabe, en la medicina.

A Cuba llegaron los rayos X el 17 de agosto de 1896, solo un año después de haber sido descubiertos, gracias a un señor llamado Francisco de Paula Astudillo y Osote, quien hizo una demostración en La Habana.

Solo una década más tarde, tras grandes perfeccionamientos para su utilización en medicina, se inauguró en la capital cubana el primer servicio de radiología del país, creado por el médico mambí doctor Francisco Domínguez Roldán en el hospital Reina Mercedes, ubicado en 23 y L, donde hoy se encuentra la heladería Coppelia.

Con el tiempo y el desarrollo de la ciencia vendrían otras formas de ver el interior del cuerpo sin tener que abrirlo con una cuchilla: la fluoroscopía, la gammagrafía, el ultrasonido y la tomografía axial computarizada, por ejemplo.

Pero los rayos X continúan gozando de popularidad, no solo en medicina, sino en otras ramas de las ciencias, pues se usan para descubrir falsificaciones en obras de las artes plásticas, en arqueología y en astronomía, entre otras.

Y qué fue del señor Francisco de Paula Astudillo, pues siguió experimentando en cuestiones relacionadas con la luz y las imágenes y fue también un precursor de la fotografía en colores en Cuba y un excelente fotógrafo, además de jefe de los bomberos de La Habana e impulsor de la construcción del monumento funerario a los bomberos fallecidos durante el incendio de la ferretería Issasi, el 17 de mayo de 1890. Un hombre muy ocupado, sin dudas.

Tubo de Crookes

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