Crónica de lunes: Burros que hacen historia

El burro Perico, a la izquierda, (Foto: cubaperiodistas) y Pancho, el burro de Mayabe, a la derecha (Foto: Radio Rebelde)

El burro Perico, a la izquierda, (Foto: cubaperiodistas) y Pancho, el burro de Mayabe, a la derecha (Foto: Radio Rebelde). Del de Bainoa, lamentablemente no se encontraron fotografías

Cada país tiene sus leyendas que se van tejiendo al pasar de los años, llegando a convertirse en ocasiones en verdaderos misterios engarzados como pierdas preciosas en el largo y complejo collar de la historia. Muchos animales pasan a formar parte de esos mitos.

Cuba, por supuesto, no es la excepción. Más bien pudiera decirse que los cubanos, por ser proclives al humor y los comadreos, solemos crear esas fábulas, muchas veces a partir de sucesos de escasa trascendencia.

En esta crónica de inicio de semana, en apretada síntesis, veremos tres burros que se han hecho famosos en Cuba y, como quedará demostrado, no son merecedores de los atributos de poca inteligencia que los humanos les hemos endilgado a esos animalitos.

El burro de Bainoa

Uno de los burros más famosos nacidos en este largo y sinuoso archipiélago es, sin lugar a dudas, el burro de Bainoa, aunque como se verá, la leyenda tiene poco de misterio, pero una frase popular ha dado trascendencia al emblemático pollino: Cuando una embarazada se demora en parir se dice que está “preñada del burro de Bainoa”, pues la gestación de estas acémilas es bastante larga.

Varias son las versiones sobre el borrico de esa localidad, perteneciente a la actual provincia de Mayabeque. La primera asegura que se trataba de un animalito sin dueño que vagaba por el pueblo llegando a cada puerta en busca de un mendrugo. En una casa le daban una mazorca de maíz, en otra un trozo de pan viejo… y así subsistía. Se dice que no faltaban aquellos que solo querían hacerle maldades para divertirse a su costa.

Otra versión refiere que el burrito si tenía dueño y que se hizo famoso porque seguía a su amo a todas partes como un fiel perrito.

Hay fuentes que afirman que no existía el tal pollino y que “el burro” no era más que el apodo de un estibador que trabajaba en la estación ferroviaria y que le llamaban así por su enorme fortaleza.

No falta quien diga que era un ricachón que quemaba billetes de 10 y 20 pesos para encender sus habanos y que por esa imbecilidad le llamaban burro.

La investigación realizada por Osvaldo Correa, historiador del municipio habanero de Jaruco –ya fallecido– arroja luz sobre la leyenda. Él averiguó que una familia de la zona, de apellido Alentado, adquirió un ejemplar equino de tamaño mayor a sus similares, el que utilizó como animal de trabajo, para transportar las mercancías que llegaban por el camino de hierro, principal vía de enlace con La Habana en los primeros años del siglo XX. Quizás por su tamaño fuera de lo común fue que el animalito adquirió notoriedad.

El burro Perico

Perico fue un “personaje” popular convertido en leyenda en la ciudad de Santa Clara, al centro del país.

En la actualidad resulta muy difícil establecer qué atributos tenía que lo hicieron famoso.

La historia recoge que pertenecía a un señor llamado Bienvenido Pérez, quien lo prestó a su primo Eusebio para que tirara de un carro de helados; pero Perico escapaba con mucha frecuencia hacia Cerro Calvo, quizás por inadaptación, quizás guiado por sus sentimientos. La verdad es que tenía cansado al heladero.

Una tarde, cuando Eusebio vendía helados en el paradero de trenes, los truenos y relámpagos anunciaron una tormenta y el hombre fue a refugiarse en los portales, dejando amarrado al jumento a un poste; pero este, temeroso del vendaval, rompió sus ataduras y escapó a toda carrera hacia la casa de su legítimo dueño, no sin antes dejar el carro de las sorbeteras en un deplorable estado.

Muy molesto, Eusebio devolvió formalmente el burro a su dueño, quien, al parecer lo entendía mejor, pues no pasó mucho tiempo sin que Perico tirara de un carro al que llamaban “La Ferretería ambulante”.

El mismo carretón después pasó a la recolección de tercerolas de manteca y por último a la recogida de botellas por todos los establecimientos de la ciudad.

Más de mil botellas vacías acarreaba el borrico en su carretón, lo que hizo prosperar el negocio a tal punto que su dueño lo “jubiló” al sustituir el carromato por un camión.

No obstante, el animal, que ya había demostrado su inteligencia en otras ocasiones, elucubró un ingenioso plan para procurarse sustento adicional a la ración diaria de maíz que le daba su dueño.

Se cuenta que comenzó a recorrer las empedradas calles villaclareñas con su andar lento y distraído y luego de un tiempo se granjeó el afecto de los transeúntes, sobre todo los niños, que le regalaban golosinas.

Pero el inteligente asno inventó un nuevo método para ganarse el pan: delicadamente tocaba a las puertas con uno de sus cascos delanteros. Así se hizo Perico un elemento imprescindible en el folclor de la central ciudad cubana.

Un día, después del primer cuartelazo de Fulgencio Batista, el animalito apareció una mañana paseándose apaciblemente con un cartel que decía “Abajo Batista”. En otra ocasión el alcalde lo mandó a poner preso por comerse el césped del parque Leoncio Vidal.

Perico murió de enfermedad, tal vez de viejo, pero su deceso constituyó un acontecimiento en toda Santa Clara.

Al divulgarse la noticia, muchos centros de trabajo cesaron en sus labores, innumerables escuelas enviaron a sus alumnos; todos querían despedirlo; los niños le llevaron flores y los trabajadores coronas en nombre de sus colectivos laborales. Los muchachos del Instituto de Segunda Enseñanza, quisieron enterrarlo en el cementerio de la ciudad; pero su dueño no permitió que su cadáver fuera sacado a la calle, y tras la autorización del Ayuntamiento, se acordó enterrarlo en el propio patio de la botellería donde durmiera toda su vida.

El burro de Mayabe

Pancho es un burro bohemio de fama internacional, ganada en el centro turístico que se encuentra en la cima de la loma de Mayabe, muy próximo a la oriental ciudad de Holguín, cabecera de la provincia de igual nombre.

La celebridad de este jumento está dada por una costumbre que no recomiendo imitar, porque es capaz de tomar grandes cantidades de cerveza sin que se le note el menor signo de embriaguez.

Esta “cultura alcohólica” causa el asombro y la simpatía de los turistas, por lo que las fotografías de Pancho abundan en la Internet, sin contar las muchas instantáneas que las personas puedan haberse guardado para sí y las muchas otras que se le hicieron antes de que existiera la fotografía digital y la red de redes se hiciera accesible a todo el mundo.

Es que el burro de Mayabe tiene ya unos cuantos años, aunque claro, el de ahora no es el mismo ejemplar que yo conocí en el 1978.

Aquel puede haber muerto de alguna afección hepática a causa de la generosa ingesta diaria del rubio licor, pues se dice que para calmar su sed consumía alrededor de 48 botellas en cada jornada. Sacando una cuenta sencilla, si se tiene en cuenta que una botella de cerveza tiene unos 355 mililitros, el burrito se zamparía más de 17 litros por vez.

Este bohemio, trasnochador y beodo borrico es tan famoso que se han publicado artículos en revistas extranjeras y hasta tiene su propia canción.

Con información de Ecured.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *