Crónica de lunes: Las vacas famosas de Cuba

La campeona lecheras, Ubre Blanca. Foto: EcuredLa campeona lecheras, Ubre Blanca. Foto: Ecured

La campeona lecheras, Ubre Blanca. Foto: Ecured

¿Alguien podría imaginarse un mundo sin vacas? A estas alturas del desarrollo humano: indiscutiblemente, no. A estos nobles animalitos les debemos mucho. Solo pensemos en el nombre de uno de los descubrimientos más importantes de la humanidad: las vacunas.

Las vacas complementan nuestra alimentación con su leche –incluidos todos sus derivados– y su carne. Aunque muchos especialistas coinciden en que la leche y la carne de vacuno pueden ser malas para la salud humana, que la mantequilla y los quesos aportan exceso de colesterol a nuestros cuerpos y que la carne contiene productos cancerígenos.

Pero también es cierto que no hay nada tan agradable como tomarse en la mañana un vaso de café con leche y un pedazo de pan con mantequilla, o comerse un buen bistec y qué decir de una sabrosa pizza o lasaña.

Entre los masái la sangre de las vacas –junto con la leche– forma parte indispensable de su alimentación. Lo bueno es que no les causan daños severos a los animales para extraérsela.

La piel de esos bovinos también es materia prima para innumerables artículos de utilidad para las personas, aunque el desarrollo tecnológico ha podido suplantarla ya con muchos materiales alternativos. De los huesos, cuernos y pezuñas y otras partes de las vacas y toros se consiguen también otros productos y artículos de gran importancia y ¡ojalá que muy pronto no sea necesario sacrificar más animales para quitarles la carne, la pie y esas otras partes útilesl!

Para la economía de muchos pueblos de la Tierra las reses han sido y siguen siendo de vital importancia. Han determinado la posición social de sus poseedores y servido como moneda de cambio, incluso como dote a la hora de arreglar algún casamiento y en ocasiones han tenido, y tienen, un importante significado religioso.

Puede haber muchísimos criterios encontrados y no es el propósito de este trabajo fomentar debates ni tomar partido por una u otra corriente, sino hablar de varias vacas famosas en Cuba que han pasado a nuestra cultura y que, con el paso del tiempo y los ineludibles cambios sociales, han ido quedando relegadas solamente al recuerdo que quienes vivimos aquella época.

Ubre Blanca inmortalizada en la filatelia

Ubre Blanca inmortalizada en la filatelia

La más conocida de todas debe ser Ubre Blanca, recordista mundial en producción de leche, con 109,5 litros obtenidos el 16 enero de 1982, en tres ordeños.

Ubre Blanca llegó a producir 41 litros en un solo ordeño, superando a la campeona del orbe, la norteamericana Arlinda, que había ocupado el puesto en 1975.

Descendiente de un semental holstein, de selección local, y una vaca mestiza cebú, comenzó a llamar la atención, pues a partir de su tercer parto fue capaz de aportar 63 litros de leche en un día.

Sometida a un tratamiento especial, con una dieta mejorada y la atención de un equipo de trabajo liderado por la doctora Rosa Elena Simeón, quien a la sazón laboraba en el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (Censa) y más tarde llegó a ser titular del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), la vaca prodigiosa produjo 24 mil 268,9 litros de la leche en 305 días, un período de la lactancia, concluido en febrero de 1982.

Ubre Blanca resultó en una especie de experimento que demostró la posibilidad de crear vacas de alto rendimiento, aunque un esfuerzo “sobrevacuno” como ese no podía ser bueno para la salud del animal.

Después de cuarto alumbramiento enfermó y se decidió sacrificarla. Su cuerpo, sometido a taxidermia, se conserva una urna de cristal con clima controlado en la entrada al Censa y en su ciudad natal, Nueva Gerona –capital municipal de la Isla de la Juventud– se erigió una estatua de mármol blanco en su memoria.

Portada de una historieta de la vaca Matilda

Portada de una historieta de la vaca Matilda

Otra vaca cubana, aunque no tan famosa, es un personaje de historietas, caricaturas y dibujos animados. Se trata de Matilda, que sirvió también para anuncios comerciales y se conserva hoy como una marca de leche.

La tercera rumiante que se mencionó mucho en la isla proviene de la canción Inseminación artificial, compuesta y cantada por el trovador Pedro Luis Ferrer. Es la historia de la vaquita Pijirigua, que se opone a la “reproducción asistida” y pide que le den un toro para hacer las cosas “a la antigua”.

En resumen, las vacas son dignas de nuestra admiración y respeto por tantos y tan buenos servicios que nos han brindado y nos brindan.

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