Crónica de lunes: Perico pagó con su pellejo

Diseño: Gilberto González García

Diseño: Gilberto González García

Ya lo anuncié en mi anterior crónica de lunes en la que hablaba sobre un noble chivo llamado Perico que pagó con su vida el haber servido de instrumento a las protestas de los transportistas de San Miguel del Padrón. Esta vez escribiré de otro chivo, cuyo trágico destino fue a causa de sus malas costumbres.

Claro que el chivo sanmiguelino nunca supo por qué los policías lo apalearon hasta morir, como tampoco debe haber sido consciente de sus actos este otro chivo llamado Perico, que nació, vivió y murió en Santa Cruz del Norte, famoso por costumbres que, de ser practicadas por seres humanos, resultarían muy reprochables.

Y, como dice la canción que popularizó el inmortal Ignacio Villa (Bola de Nieve): este chivo pagó con su pellejo, aunque la historia no recoge el hecho de que haya roto algún tambor. La canción de se basa una sentencia simple que pudiera compararse en cierta forma con la Ley del Talión: “Chivo que rompe tambor con su pellejo paga”. Es decir que para reemplazar el parche roto del instrumento de percusión ¡qué mejor que usar el cuero del propio animal de lo rompió! Luego, con el humor que marca los temas de ese gran cantante y compositor guanabacoense,1 remata: “Y lo que es mucho peor, en chilindrón acaba”. ¡Pobre cornúpeta! ¡Como si él fuera consciente del daño causado!

Pero, volviendo a la historia del Perico santacruceño, nació en la segunda mitad de la década de 1940, según relató su dueño Valentín Sánchez Ramírez, un trabajador del central azucarero Hershey.

Como si fuera una regularidad histórica que los animales que llevan ese nombre sean singulares, al igual que el burro de Santa Clara y el chivo de San Miguel del Padrón, los hábitos alimentarios del Perico de Santa Cruz del Norte eran poco comunes en un animal de su especie, pues en lugar de gustarle la hierba, prefería comer galletas, pan y dulces que en muchas casas le brindaban.

Se cuenta que en la fonda Las Brisas el caprino tenía su propio plato, en el que comía carne de cerdo y chicharrones, y en el bar también tenía su vasija para degustar el ron y la cerveza a que le convidaban los parroquianos. También se dice que en ocasiones salía de farra con sus amigos, a bordo de algún ómnibus con destino a La Habana o al central, y era tanto lo que bebía en esas ocasiones que regresaba al hogar bajo una notable ebriedad ¡Menos mal que era soltero!

Si bien este es un hábito bastante feo que no recomiendo imitar, no fue su adicción al alcohol lo que hizo desembocar la vida de Perico en una tragedia. Resulta que el animal demostró su preferencia sexual por las hembras de la raza humana en lugar de las cabras y, cual sátiro empedernido, empezó a perseguir a las mujeres del pueblo, aparentemente manso, pero con las aviesas intenciones de introducir su hocico debajo de sus faldas.

En no pocas ocasiones las autoridades lo retuvieron, amarrándolo frente a la estación de policía, pero al menor descuido alguien lo soltaba y allá iba de nuevo Perico tras las féminas.

La cosa se iba poniendo cada vez más fea para el dueño del chivo, que recibió varias llamadas de atención por parte de los agentes del orden público y, para acabar de colmar la copa y en lo que parecía un verdadero desacato a la autoridad, a Perico le dio por satisfacer su necesidad fisiológica más imperiosa justamente en el portal del ayuntamiento.

Aquello era demasiado, así que el alcalde debe haberle dado un ultimátum a Valentín, el dueño del legendario animal, quien decidió vendérselo a una señora que lo convirtió en un apetitoso guisado.

En los anales de Santa Cruz del Norte no se recoge el destino que tuvo la piel de Perico, pues como ya quedó demostrado, su culpa no fue haber roto algún tambor. No obstante, puede haber terminado resonante en los parches de algunas tumbadoras o bongoes, o quizás como asiento de algún taburete2.

Notas del autor:

1-Guanabacoense: Natural y vecino de Guanabacoa, una de las primeras poblaciones extramuros fundadas en La Habana y actualmente municipio. Ignacio Villa, conocido por Bola de Nieve, nació en ese poblado.

2-Taburete: (en Cuba) Silla con estructura de madera y con el asiento y el espaldar de cuero, principalmente de vacuno. Para dar belleza al mueble se le conserva el pelo que se dispone hacia la parte más visible.

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