
Tumba de Jeanette Ryder en la necrópolis Cristóbal Colon de La Habana. Foto: Radio Enciclopedia
El extendido concepto de que el perro es el mejor amigo del hombre hoy se puede poner en duda gracias a las nuevas tendencias en cuanto a mascotas y también a minuciosos estudios, pero no caben dudas de que los canes están en primer lugar en la preferencia humana.
La fidelidad de los perros
Historias de perros que han dado muestras de fidelidad superlativa abundan en todo el mundo. Es famosa la historia de Hachikō, un perro de raza akita que le fuera obsequiado al profesor universitario Eisaburō Ueno, quien daba clases de agronomía.
Cada día Hachikō acompañaba a su amo hasta la estación de trenes de Shibuya cuando este se dirigía a su trabajo y lo esperaba hasta que regresaba. Un día el profesor Ueno no volvió pues había fallecido; pero el noble can continuó, durante nueve años, yendo a esperarlo hasta que, en 1935, fue sorprendido por la muerte cerca la estación.
Otro caso famoso ocurrió en Cuba y quedó inmortalizado en un monumento funerario: Rinti era el perro de Jeanette Ryder, una norteamericana residente en La Habana que dedicó su vida y recursos económicos a proteger a personas y animales abandonados, abusados o desfavorecidos. Cuando Jeanette falleció, su noble mascota se echó a los pies de su tumba y se negó a alimentarse o beber hasta que murió. Tras su muerte fue colocada una escultura con la figura de un perro yaciente a los pies del panteón que fuera su última morada.
Monumentos a perros. El salvador de Corinto
El más antiguo ejemplo que ha trascendido acerca de un perro que mereciera un monumento por sus servicios, se remonta al siglo IV antes de nuestra era en Corinto. Según la leyenda, un perro de nombre Soetr despertó a la guarnición de la ciudad cuando los enemigos se acercaban sigilosamente y amparados por la oscuridad de la noche.
Gracias a esa alerta las tropas corintias pudieron derrotar a los posibles invasores y por ello al animalito se le confirió un collar de plata con la inscripción: “Al salvador y defensor de Corinto”.
Barri, el héroe alpino

Monumento a Barri. Foto: Club Español del Perro San Bernardo
Otro monumento famoso dedicado a un perro se encuentra en París desde hace ya casi dos siglos para perpetuar la memoria de Barri, un San Bernardo que rescató a 41 personas perdidas en la nieve en un paso de los Alpes que unía a Europa Central con Italia.
En ese paso fue fundado en el siglo X un monasterio, consagrado a San Bernardo, en el que recibían socorro los caminantes que atravesaban el peligroso camino a más de dos mil metros de altitud en el que siempre reina un clima despiadado. Desde el siglo XIII los monjes comenzaron a usar en el rescate de personas perdidas a perros grandes, inteligentes, bien dotados para soportar las condiciones inclementes y con un agudo olfato que les permitía detectar a las personas sepultadas en la nieve.
La verdad sobre Balto
La historia que nos muestra el cine sobre el perro Balto no se ajusta a la verdad más pura. No era mestizo y no tuvo que enfrentar ninguna rivalidad con un presuntuoso, tramposo y mentiroso perro guía.
En realidad, Balto era el guía de la traílla encargada para tirar del trineo que debía buscar vacunas en una ciudad a 300 kilómetros del poblado de Nome, en Alaska, donde, a principios del siglo XX, se desató una epidemia que amenazaba a todos los niños del lugar con el peor de los destinos.
La inclemencia del tiempo no permitía transportar la medicina mediante otro medio que no fuera un trineo, por lo que se designó al mejor tiro de perros para ir a buscarla.
El trayecto de ida no tuvo inconvenientes, pero al regreso los canes, uno por uno, fueron cayendo rendidos. Solo Balto se mantenía luchando por llegar a su destino. Entonces el dueño decidió soltarlo, habiendo previamente atado a su collar el paquete con la antitoxina.
El heroísmo del noble animal no se limitó a llevar a salvo el medicamento al pueblo, sino que se las ingenió para hacer que lo siguieran a brindar socorro a su amo que había quedado prisionero de la nieve y sin fuerzas. Por ello Balto mereció, no uno, sino dos monumentos: uno en el propio Nome y otro en Nueva York.
Otro monumento y los que faltan
Los científicos de la ciudad japonesa de Osaka erigieron también un obelisco a un tiro de perros de trineo que quedaron aislados durante uno de los inviernos más crudos que se registraran en la región y que se las arreglaron para sobrevivir.
Muy bien, pero falta quizás otro grupo escultórico dedicado a los que tiraron de los trineos sanitarios soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial y que durante tres meses de ofensiva, en 1943, lograron evacuar a más de 13 mil 500 heridos de los campos de batalla. Solamente un conductor llamado Zólotov evacuó, bajo el fuego enemigo, a tres mil heridos.
Durante la guerra unos 60 mil perros soviéticos sirvieron como sanitarios y enlaces. El mastín nombrado Asta llevaba un informe importante, del que dependía la suerte de un regimiento sitiado por las tropas nazis. Al atravesar sus líneas resultó mortalmente herido; aún así logró llegar a su destino y entregar la encomienda.
Los beneficios que brindan los buenos amigos
A lo largo de la historia humana los perros han brindado innumerables e invaluables beneficios a sus mejores amigos… nosotros.
Probablemente lo primero que hicieron fue cuidar las viviendas, lo que quizás hicieran por instinto. Después deben haber ayudado en las cacerías y luego cuidado las siembras y los rebaños. No debe haber pasado mucho tiempo en que se convirtieran en amigos, cariñosos y peludos, que simplemente nos brindaran su amor y compañía.
Muchos de ellos incluso entregaron sus vidas al ser empleados en experimentos que ayudaron al desarrollo de la salud.
Los perros estuvieron entre los primeros seres vivos en aventurarse en el espacio exterior y hoy, además de sus tradicionales tareas como vigilantes y pastores sirven de lazarillos a los ciegos, encuentra a personas bajo los escombros o la nieve, detectan el cáncer y encuentran armas, explosivos o drogas, entre otras muchas labores a las que suman la infaltable como amorosos compañeros.
Sin embargo, si bien los canes son verdaderos arquetipos de amistad, nobleza y lealtad, también la palabra perro puede usarse en el sentido completamente opuesto. En el diccionario de la lengua española aparecen como significados de esa palabra: “muy malo, indigno, nombre que se dio despectivamente a los fieles de otras religiones distintas a la del hablante y también persona despreciable.
También suele denominarse con afán despectivo como “perra” a la prostituta y por extensión, para ofender a alguien se le llama “hijo de perra”.
Y nosotros ¿Siempre correspondemos con igual lealtad y cariño a nuestros mejores amigos?
Fuentes:
Dmitriev, Yuri. Animales en el pedestal. Editorial Ráduga, Moscú; editorial Gente Nueva, La Habana, 1989.
Internet.
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