
Muchas curiosidades atesora Cuba en su larga y azarosa historia. Costumbres, algunas heredadas de la “madre patria”, otras traídas desde el África ardiente o de la enigmática China, siempre modificadas a nuestro antojo, y las demás, forjadas al calor de nuestro crisol cultural. Todas de una u otra forma, han contribuido a fomentar nuestra nacionalidad en ese ajiaco, como lo definiera el etnólogo Don Fernando Ortiz.
La corrida de toros, es posiblemente el espectáculo más popular en España que, como metrópoli al fin, la exportó a muchas de sus colonias, entre las que se destaca México, donde aún se practica.
Lo curioso es que en Cuba también se llevaron a cabo estas “fiestas bravas” desde el año 1514 hasta el 1899 en que fueron abolidas.
Por cierto, la lidia entre toros y personas no la inventaron los españoles, porque ya en Mesopotamia se practicaban -claro, no como se ven España- y luego los romanos los incluyeron en sus famosos circos, en los que en ocasiones los toros y otros animales debían luchar a muerte entre sí o contra los gladiadores. Fueron posiblemente los romanos quienes introdujeron las lidias de toros en la Península Ibérica.
La toma de La Habana por los ingleses es uno de los eventos más conocidos en la historia de este “lagarto verde con ojos de piedra y agua”. Sin embargo los flemáticos soldados de casaca roja no fueron los primeros que se apoderaron de la capital cubana. En 1537 piratas franceses fueron reyes por un día, pues dominaron la urbe por 24 horas.
Precisamente para defender a La Habana de los ataques de piratas, corsarios y aspirantes a conquistadores fue que se construyeron los baluartes que hoy son patrimonio arquitectónico y cultural de la mayor de Las Antillas. La más antigua fortaleza construida en la villa de San Cristóbal fue el Castillo de la Real Fuerza, cuyas almenas se terminaron en 1538. Luego fue reconstruida en 1555.
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Ajiaco
Don Fernando Ortiz
Castillo de la Real Fuerza
