
Garrincha. Foto: Internet.
El equipo brasileño se alzó con la corona en la Copa del Mundo de Fútbol de Suecia, en 1958, certamen que marcó el debut del mítico Pelé, con un gol que lo ha convertido hasta la actualidad en el jugador más joven en anotar en esas citas, cuando tenía 17 años y 239 días. Pero la gran estrella del conjunto era Manuel Francisco dos Santos (conocido como Garrincha), protagonista de nuestra historia, junto al masajista del equipo Mario Américo.
Según comentó el galeno, en una jornada de descanso donde no tenían partido, los jugadores fueron a recorrer la ciudad. Al regreso, Garrincha muestra que un radiotransmisor que había comprado en 100 dólares, sin duda muy caro para la época.
Todos los elogiaron, pero el masajista decidió hacerle una broma y le comentó que el aparato solo trasmitía en sueco y que por tanto no le serviría en Brasil.
Evidentemente le tomaba el pelo, pero Garrincha —en aquel entonces con 25 años— le creyó ingenuamente. El futbolista encendió el trasmisor y efectivamente, como estaban en Suecia, solo se escuchaban emisoras de ese país.
El jugador se disgustó, pero el masajista le dijo que a un precio módico se queda con el aparato. El burlado aceptó el trato y se lo entregó por 40 dólares, ni siquiera la mitad de lo que había gastado.
La broma quedó como una anécdota graciosa de la Copa Mundial de Suecia 1958, donde según el masajista brasileño, Garrincha jugó molesto y eso le ayudó a concentrarse más en los partidos y ser decisivo para el conjunto.
Por ello algunas personas afirman que sin la broma y el enojo de Garrincha, esa estrella del fútbol sudamericano no hubiese marcado preciosos goles y Brasil no tendría esa copa en sus vitrinas. Aunque estas últimas consideraciones son solo especulaciones.
