El guarapo, esa bebida deliciosa

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Foto: Cubadebate

Si preguntara ¿a quién no le gusta el guarapo? Estoy seguro que muy pocos contestarían afirmativamente. Quizás algunas personas no puedan beberlo debido a algún desajuste de su salud, pero para el resto resulta una bebida sana, nutritiva y refrescante con la que podemos coger un segundo aire cuando andamos caminando, por el campo o la ciudad, bajo el riguroso calor de nuestro verano.

Con un elevado contenido en azúcares, proteínas y calorías, resulta una bebida energizante magnífica y hasta hay quien dice por ahí que es afrodisíaco, aunque eso no está comprobado.

Lo que quizás algún que otro lector no sepa, es que en la Cuba colonial, cuando el azúcar se producía totalmente a mano, se acostumbraba a beber el guarapo caliente, tomado directamente de los tachos del ingenio, en los que cuajaba el dulce jugo de la caña hasta convertirse en raspadura. También se utilizaba para endulzar el café y otras bebidas.

Sin embargo, en nuestros días, es mucho más frecuente consumirlo bien frío, con la adición de hielo frappé, y acabadito de exprimir, pues en pocos minutos cambia su color poniéndose oscuro, aunque no por ello pierde su calidad ni su sabor.

Hasta ahora, que yo sepa, nadie ha logrado embotellar el guarapo, pero si fuera posible, ¿usted se imagina a un esquimal tomándose un vaso de guarapo tibio para entrar en calor, o a un beduino, en medio del Sahara, refrescándose con una botella de guarapo frío y efervescente?

Por suerte para los cubanos, en especial para los habaneros, las guaraperas están diseminadas por toda la ciudad y podemos, de vez en cuando hacer una pausa en el camino para refrescarnos y coger impulso.

Las guaraperas constan de un molino, movido por un motor eléctrico, en el que se introducen las cañas de azúcar que son aplastadas por dos rodillos giratorios para exprimirles el dulce jugo.

Hay otros procedimientos más sencillos de obtener el guarapo, como retorcer la caña sobre una vasija, después de haberla machacado un poco, así que si usted se ve perdido en el campo y cerca hay un cañaveral, no tiene por que pasar sed y hambre.

Muchos haitianos que emigraron a Cuba en los siglos XVIII y XIX y se asentaron en la zona sur oriental, donde se emplearon como jornaleros para el corte manual de la caña de azúcar.

Los dueños de estancias les permitían ocupar un pedazo de tierra para que levantaran sus chozas y fomentaran pequeñas siembras, llamadas conucos. También les permitían aprovechar un área del cañaveral.

Con las viandas que obtenían en los conucos y el guarapo que extraían de la caña, los haitianos eran capaces de mantener el despiadado ritmo de trabajo que imponían los mayorales en el corte manual de la caña.

El guarapo y sus derivados están profundamente arraigados en nuestra cultura popular. Recordemos la letra de ese son montuno que dice: “si tomas guarapo por la madrugá / lo bueno se queda y lo malo se va” o la famosa Guarapachanga de Juan Rivera Prevot: Un día yo fui al central / a casa de mamá Inés / y del trapiche saqué / guarapo para el café”.

Al guarapo se le reduce considerablemente la humedad, hasta hacerlo prácticamente sólido, lo que se conoce como “raspadura” y es también un dulce exquisito.

Hoy está mecanizado el trabajo de las fábricas de azúcar y los cañaverales, pero el guarapo, esa deliciosa bebida que gusta a la mayoría de los cubanos, se sigue extrayendo de manera artesanal y consumiéndose acabadita de exprimir y bien fría. ¡Que así sea por siempre!

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