¿Se imagina usted un enorme puente de hierro sobre la bahía de La Habana, entre las fortalezas de La Cabaña y de La Punta?
Esa fue una de las siete obras monstruosas que casi fueron construidas en la capital, según la investigación que realizó el máster en ciencias Nyls Gustavo Ponce Seoane, en saludo al aniversario 500 de la ciudad.
Nils, multipremiado geólogo y agudo periodista, relata que una vía de acceso rápido a las tierras al este de la bahía era un viejo sueño de quienes se dedicaban al negocio de la urbanización en Cuba.
El proyecto de un puente sobre la entrada de la bahía formaba parte del ambicioso plan de desarrollo urbano concebido por el dictador Gerardo Machado.
Puestos de acuerdo, el presidente, los inversionistas y los propietarios de los terrenos, se concibió la construcción del tan ansiado puente; pero la crisis mundial de 1929 lo echó abajo todo y se abandonó la idea por muchos años.
Después de la Segunda Guerra Mundial, fue construida la Vía Blanca, esa magnífica carretera que une a la capital con la ciudad de Matanzas, a lo largo de la costa norte.
La nueva ruta no estaría completa sin un acceso expedito al centro de la ciudad, y entonces hubo un nuevo debate sobre el proyecto.
Cuando todos daban por hecho que finalmente se levantaría el dichoso puente, el Gobierno firmó un contrato con una compañía francesa para construir el túnel de La Habana y nunca más se volvió a hablar del proyecto.
¡Qué suerte! Porque el enorme adefesio de vigas de hierro –más alto que los edificios de la ciudad, ya que debía dejar paso a los barcos, con un acceso de vueltas en caracol desde el Malecón– habría arruinado la belleza de la capital.
Además, dudo mucho que hubiera soportado la intensidad actual del tráfico ni el peso de los modernos medios de transporte.

