Desde que en Cuba se comenzó a desarrollar el turismo, a mediados del siglo XX, la principal oferta en cuanto al producto denominado Sol y playa era la maravillosa Varadero, en Matanzas, a la cual se unió, a fines de los años 50, el bello litoral de Guardalavaca en Holguín.
Sin embargo, por la naturaleza de archipiélago que tiene la mayor de las Antillas, eran incontables los cayos que podían desarrollarse y ponerse al servicio de quienes nos visitaran buscando esa modalidad de descanso.
Así comenzaron a desarrollarse en la década de los años 90 del siglo XX varios de los cayos, tanto en la parte norte como en la parte sur del país, proyectándose para los primeros la conexión por tierra con la isla grande.
De esa forma, hoy se dispone, para el disfrute de nuestros visitantes, una variada combinación de cayos de la parte norte central, donde se destacan cayo Coco, cayo Guillermo y cayo Santa María. Un poco más hacia el este, se puede disfrutar de las bondades de cayo Ensenachos.
En todos ellos se puede combinar el disfrute de magníficas playas con la observación de aves, la práctica de diferentes deportes náuticos y en breve tiempo, en cómodos ómnibus climatizados, visitar ciudades coloniales cubanas como Trinidad, Cienfuegos y Camagüey.
En el extremo oeste de la isla grande se encuentra cayo Levisa, uno de los más pequeños, más apartados pero también de mayor derroche de belleza natural. Y tal vez el más conocido de todos, fundamentalmente en Europa de donde proviene buena parte de sus asiduos clientes, es cayo Largo, al sur del país.
La filatelia cubana quiso recoger los mismos en una emisión dedicada al turismo cubano hecha en el año 2007. Aquí se la presentamos para que estos pequeños embajadores, como son los sellos de correos, le muestren un avance de lo que encontrará cuando decida ser uno más de quienes disfrutan de los cayos de Cuba.

