José Martí antimperialista

El antiimperialismo en José Martí crece y se desarrolla en los propios Estados  Unidos en las mismas entrañas del monstruo donde vivió alrededor de 15 años.

El antiimperialismo en José Martí crece y se desarrolla en los propios Estados Unidos en las mismas entrañas del monstruo donde vivió alrededor de 15 años.

Para José Martí el antiimperialismo constituyó un principio que defendió a lo largo de toda su vida, y que resume de forma muy concreta en la carta inconclusa que le escribió a su amigo Manuel Mercado antes de partir hacia Cuba para combatir por su independencia, que dice en uno de sus párrafos : “todo lo que he hecho hasta hoy y haré será para impedir la expansión del imperio por nuestras tierras de América”.

Con frecuencia se habla sobre esa faceta de su vida, sin embargo, no se debe olvidar que el antiimperialismo del más universal de los cubanos está enraizado desde que, siendo casi un niño, empieza a enfrentarse al colonialismo español. También siendo muy joven sufre lo que significó para su amada patria el dominio extranjero, que él considera una ofensa al decoro nacional.

Cuando en 1880 llega a los Estados Unidos, Martí se percata de los logros que tiene la sociedad norteamericana, obtenidos por el desarrollo que alcanza el capitalismo en ese país, que se apodera de los mejores cerebros, las más novedosas tecnologías, y las riquezas de los pueblos americanos.

Sin embargo, reconoce que en medio de esa situación hay un factor que pudiéramos considerar decisivo: la impronta de desarrollo que tiene el pueblo norteamericano.

A Martí no escapa que en medio de esa sociedad que crece, se engendran los gérmenes de la más alta corrupción política, administrativa y que llega a las masas populares.

El antiimperialismo de Martí tiene una total vigencia cuando afirma: “Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos”.

En el libro titulado Guatemala, escrito y publicado en México en 1878, insiste en la necesidad de la unión entre los países latinoamericanos para defenderse del vecino del norte. Sobre el tema volvió repetidas veces ya que para él constituía una preocupación constante la ambición de Estados Unidos y lo indefensos que estaban los países de su América por la falta de unión.

“Los pueblos que no se conocen han de darse prisa por conocerse, como quienes van a pelear juntos… los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas. Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes”.

“Nuestra patria es una: empieza en el Río Grande, y va a parar en los montes de la Patagonia”, afirma convencido el Apóstol de la Independencia de Cuba.

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