“La Patria es sagrada; los que la aman, sin interés ni cansancio, le deben toda la verdad; lo que importa no es que nosotros triunfemos, sino que nuestra Patria sea feliz”, afirmaba el más universal de los cubanos.
José Martí trascendió su tiempo; el profundo amor por Cuba, la Patria que lo vio nacer el 28 de enero de 1853, quedó demostrado a lo largo de su corta pero fructífera existencia.
“Todo hombre está obligado a honrar, con su conducta privada, tanto como la pública a su Patria; sólo obedeciendo estrictamente a la justicia se le honra. La Patria es dicha, dolor y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie”, profesaba el Héroe de Dos Ríos, lugar donde cayera combatiendo por la independencia de su pueblo el 19 de mayo de 1895.
El licenciado Carlos Manuel Marchante, estudioso de la vida de Martí, nos acerca al tema: “En su pensamiento más universal, y desarrollo como político, pensador y revolucionario concibe una humanidad que comprende, el amor a la libertad, a los héroes, a los mártires, a la naturaleza, a la sociedad, al medio en que se vive, a los trabajadores; en resumen, a todos en cualquier lugar que se encuentran”, precisa el también profesor de la Universidad de La Habana, quien considera este concepto como una de las cuestiones esenciales en la evolución de su vida y de su pensamiento.
La mayor riqueza que proporciona el legado martiano a las nuevas generaciones de cubanos, según el especialista, es su amor sin límites de por todos los seres humanos del Planeta , que tiene su mayor expresión en la ayuda solidaridad prestada por el pueblo de la Isla a numerosos países desde el triunfo revolucionario de 1959, en el campo de la medicina, el deporte y la educación y más recientemente al hermano pueblo haitiano, lo que no es más que la continuidad del concepto martiano de que “Patria es humanidad”.
El amor en José Martí
“El eje central que sostiene el ideario martiano es el amor. En ese sentido existen aspectos esenciales que guiaron su existencia, evidencias que lo demuestran y hechos irrefutables”, considera Marchante.
Uno de los grandes amores en la vida del Apóstol de la Independencia de Cuba fue su madre. La primera carta que de él se conoce es una que escribió a los nueve años de edad a Doña Leonor Pérez; en una de sus partes le dice que la quiere con delirio. Una de las últimas misivas, cuando preparaba su viaje a Cuba del cual pensaba no regresar es también a su madre.
“Martí lamentó siempre que su vida dedicada a servir a Cuba no le permitiera cumplir sus obligaciones de hijo amoroso con sus padres, lo cual le producía hondo dolor manifestado a veces en sus cartas y otras, en extensos silencios, en los que no escribía a su madre para no amargarla con sus penas”.
El más universal de los cubanos también veneraba a su padre Mariano Martí y muestra de ello lo da la carta a su hermana Amelia donde le dice: “Tu no sabes Amelia mía, toda la veneración y respeto ternísimo que me merece nuestro padre. Allí donde lo ves lleno de vejeces y caprichos, es un hombre de una virtud extraordinaria. Ahora que vivo, se todo el valor de su energía y todos los raros excelsos méritos de su naturaleza pura y franca. Piensa en lo que te digo. No se paren en detalles, hechos para ojos pequeños. Ese anciano es una magnífica figura. Endúlcenle la vida. Sonrían de sus vejeces. El nunca ha sido viejo para amar”.
El gran cariño y preocupación por María Mantilla la niña que él educó personalmente se manifiesta en una tierna misiva que le escribe el 30 de enero de 1895, después de dar la orden de alzamiento y salir de Nueva York para reunirse con Máximo Gómez en Santo Domingo y de ahí partir juntos hacia Cuba, donde muy pronto comenzaría la guerra de independencia. En una de sus partes dice la misiva: “…quiere y sirve mi María, así te querrán y te querré. Tu carita de angustia está todavía delante de mi, y el dolor de tu último beso. Los dos seremos buenos, yo para merecer que me vuelvas a abrazar, y tú para que yo te vea siempre tan linda como te vi entonces”.
Añadió Carlos Manuel Marchante: “Martí veneró a su Patria, por lo que se reveló contra el colonialismo español que la oprimía siendo apenas un adolescente; por ella cumplió un cruel presidio siendo un adolescente de apenas 17 años de edad, y también fue condenado al exilio lejos de su familia”.
Concibió que: “Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más cerca y en que nos tocó nacer. Todo hombre está obligado a honrarla, con su conducta privada, tanto como la pública. La Patria es dicha, dolor y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie”.



Para José Martí el amor a la Patria estaba por encima de todo , esto lo refleja muy claramente en su poema Abdala , escrito expresamente para la patria . Y este es el concepto de patria que llevamos la inmensa mayoria de los cubanos en el corazón . Lease “Abdala ” y conoceran a qué estamos dispuestos los cubanos por defender nuestra Patria .