“El fuego no sabe morir”*

Marcha de las antorcha. Foto: Revista Alma Mater

Marcha de las antorcha. Foto: Revista Alma Mater

Ciento sesenta y dos años después del natalicio del más universal de los cubanos, José Martí, miles de jóvenes entre universitarios, estudiantes de las diferentes enseñanzas, deportistas, obreros y todos los que así lo desean, se reunieron en la histórica escalinata de la Universidad de La Habana para recordar esta fecha.

Es que todos los 27 de enero, una peregrinación guiada por la luz de antorchas en manos de las nuevas generaciones, bajan por la calle San Lázaro hasta la Fragua Martiana.

Y en cada una de ellas va la guía del Apóstol resumida en sus pensamientos, porque si alguien logró abarcar en su obra la complejidad de la vida fue, sin duda alguna, el Maestro.

Nos enseñó que el ejercicio de la libertad fortifica pues como genio brota de lo incógnito. Y dijo: “ser cultos es el único modo de ser libres”.

También de él aprendimos que lo real es lo que no se ve y que hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas.

Cuba evoca cada día, a ese Martí, quien había querido echar su suerte con los pobres de la tierra, el amigo del indio y del negro, el que descubriría el peligro del naciente imperio y moriría con el ansia de impedir a tiempo que Estados Unidos se apoderara de Cuba y se echaran con esa fuerza más sobre América Latina.

Hoy cuando tanto tiempo ha pasado, cuando tantas etapas han sido vencidas, cuando tanto ha avanzado la conciencia y cultura del pueblo cubano, Martí es y continuará siendo un punto de referencia que así como el fuego de estas miles de antorchas no sabe morir.

* “…la prudencia puede refrenar, pero el fuego no sabe morir” (Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, en Masonic Temple, Nueva York, 10 de octubre de 1887, t. 4, p. 216

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