El Museo Fragua Martiana, adscrito a la Universidad de La Habana, casi siempre está frecuentado por estudiantes de las escuelas aledañas al histórico lugar que la ven como la mejor forma de conocer al más universal de los cubanos.
Una emoción estremece a todos al acercarse a la intersección de las calles Hospital y Vapor, en el municipio Centro Habana, donde está ubicado el histórico edificio declarado Monumento Nacional.
En las salas de la institución se guardan con celo reliquias del Maestro como son el escritorio usado en Tampa, su revólver, la almohadilla de olor perteneciente a la niña de Guatemala, así como, documentos, entre estos, un ejemplar del periódico Patria.
Allí están también las canteras de San Lázaro, de las que aún hoy se conserva una parte; ese es el lugar donde José Martí conoce toda la crueldad del colonialismo español.
Le visten con el infame traje de presidiario número 113. Adolescente de apenas 17 años de edad, vive en carne propia la injusticia de un régimen oprobioso.
Para rescatar y preservar la historia nace la Fragua, cuya creación se remonta al año 1938 cuando un grupo de martianos, encabezados por Gonzalo de Quesada y Miranda, hicieron un llamado a la nación para conservar parte de las canteras de San Lázaro y convertirlas en un lugar sagrado para venerar al Apóstol de la Independencia de Cuba.
El 28 de enero de 1952 en el aniversario 99 del natalicio de José Martí, se inauguró en acto oficial de carácter nacional el Museo Fragua Martiana en el que participaron los creadores, colaboradores y ejecutores de una idea que tuvo su origen años atrás.
En 1953 la Generación del Centenario, encabezada por Fidel, protagoniza por primera vez la Marcha de las Antorchas con lo cual se sella el compromiso de liberar a la Patria.
El hecho se repite cada año con un recorrido en el que participan cercano a la media noche del día 27 de enero decenas de estudiantes; comienza en la también histórica escalinata universitaria por toda la calle San Lázaro hasta la Fragua, sitio que inspira respeto pues hasta el último de sus rincones recuerdan a José Martí. Es allí donde su pueblo le rinde homenaje imperecedero.


