José Martí fue el motor impulsor de la lucha armada por la independencia de Cuba, sirvió de guía a valientes hombres, hizo que se nutrieran desde su visión política, como fue en el Gobierno de los 100 Días y la labor de Guiteras, las consecuencias, la necesidad de luchar.
Los escrito en su diario a cerca de los sucesos en La Mejorana, de pensar más allá en un ejército libre, vencer al enemigo por la lucha armada o militar repercutió en las lecturas que al joven Fidel Castro le servirían de referencia para forjar el porvenir de Cuba.
Sería José Martí, con sus ideas de emancipación y mejoramiento humano, la principal fuente de inspiración de quien pasaría a la posteridad como el Poeta de la Generación del Centenario.
El Apóstol estaba en el Moncada, Fidel, con las doctrinas en su corazón, siguió adelante para llamar a los hombres al combate y afirmó, con total justeza: “Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo”.
En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada. Por eso afirmó Fidel: “de sus ideas soy el soldado”.


