José Martí nos enseña a ser mejores

Diseño: Gilberto González García

“En un libro que leía, con muchísima atención / Historias de grandes héroes y de la Revolución / Quiso mucho a su maestro / Nació en Cuba, nació aquí / Ese niño que leía, se llamó, José Martí”, son pequeñas estrofas de una canción que nos enseñaron desde la niñez.

Hace unos días, en el programa Antena Musical de la emisora COCO, escuché las estrofas cantadas del poema Romance de la niña mala, de Raúl Ferrer, que en ocasiones se hace oír en actos y acontecimientos importantes de la patria: “Verdad que siempre está ausente / pero si viene no falta / entre sus manitas breves / un ramo de rosas blancas / para poner al Martí / que tengo en mitad del aula”.

Un recuerdo inolvidable es cuando siempre que íbamos de recorrido hacia la escuela llevábamos flores para ponérselas al busto del Apóstol, en los matutinos que se realizaban, los niños y niñas aprendimos a recitar versos y poesías dedicadas a él.

Muchos son los versos que aprendimos en la infancia que todavía recitamos a los sobrinos e hijos y han quedado en el corazón de cientos de cubanos. “Yo soy chiquitica así / y nadie me considera / pero se plantar la bandera / donde la puso José Martí”, era el favorito.

Las lecturas de personajes fantásticos que se leían en casa solían decir: el pobre Loppi, Masica egoísta, mal humorada, que siempre maltrata a su esposo. De este cuento se aprende que no podemos ser débiles, que la ambición es un gran defecto y que la sencillez y la honestidad son virtudes que no deben separarse jamás de las personas.

Aprendemos que debemos compartir sentimientos humanos con los compañeros. En una de las estrofas de la poesía Los zapaticos de rosa, escribió el Apóstol: “Con sus dos brazos menudos / Estaba como abrazando / Y yo mirando, mirando / Sus piececitos desnudos / Me llegó al cuerpo la espuma / Alcé los ojos, y vi / Esta niña frente a mí / Con su sombrero de pluma / ¡Se parece a los retratos / Tu niña! dijo: ¿Es de cera? / ¿Quiere jugar?/ ¡si quisiera!.. / ¿Y por qué está sin zapatos? / Mira: ¡la mano le abrasa / Y tiene los pies tan fríos! / ¡Oh, toma, toma los míos / Yo tengo más en mi casa!”.

Hoy todos los niños del mundo, en especial de Cuba, continúan aprendiendo de su legado, de sus ideas. Sus obras constituyen riqueza de sabiduría. En la educación de nuestros hijos nunca debiera faltar esta frase que les regala: “Los niños deberían echarse a llorar cuando ha pasado el día sin que hayan aprendido algo”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *