
Estatua de José Martí en la Plaza de la Revolución que lleva su nombre. Foto: Gilberto González García
Escribir de José Martí es hermoso, una obra inmensa por conocer y muchas cosas buenas que aprender; en cada una de sus letras se multiplica la sabiduría, inteligencia e integridad, y el sentir profundo que expresa por su país.
La impronta del Héroe Nacional de Cuba en la práctica revela valores, ética, vocación de servir y coherencia entre pensamiento y acción.
Numerosas páginas se abren y sus letras son como rayos de luz al mundo, como madres generosas que enseñan a sus hijos la verdad, la justicia, la razón, y profundiza en las enseñanzas de diversas materias sociales y universales.
Las ideas que, desde su madurez, comenzaron a deslizar en papel y tinta las letras se convirtieron en preciosas perlas que hoy podemos leer en artículos, poemarios, cartas, dedicatorias y muchas referencias en sus Obras Completas, que siguen cultivando a los pueblos.
De cómo deben ser las niñas y los niños se aprende en el dedicado libro del saber de toda infancia, La edad de oro, con historias fantásticas de las que los maestros y profesores pueden hacer profundas reflexiones.
Del Apóstol, el arte de escribir como pluma de oro y en tinta rosada, nacen ideas claras para narrar relatos de gigantes, personajes cargados de sentimientos, mucha imaginación, humildad, solidaridad y humanidad. La grandeza del hombre en su interior, las increíbles historias que enamoran e incluso a los mismos poetas, abren las páginas del hombre sincero y sirven de referencias para inspirarse.
Usa un lenguaje auténtico y conmovedor, sin palabras soeces o imprudentes, sin dañar la finas y brillantes líneas, donde una nación puede satisfacer el apetito hacia el futuro.
De las enseñanzas a los enemigos escribe: “Y para el cruel que me arranca / El corazón con que vivo, / Cardos ni ortigas cultivo / Cultivo una rosa blanca”.
Con sabiduría, sin odio, pero con dolor profundo, valora a su adversario.
La fortaleza de su mente fue profundizar en los pueblos, en los buenos modales, modos de hacer las cosas bien, porque nos hacen sentir mejor, crecer, ser generosos y más capaces.
Sus obras reflejan el compromiso, la responsabilidad como valor humano que siempre debe inculcarse en los hombres desde la cuna, nos habla de la patria, del amor por Cuba, sentimientos por los hermanos, maestros, padres e hijos y familiares; el respeto, la admiración a la mujer, al cuidado de la naturaleza, al artista, a la vida, al amor…
Sus ideas claras, precisas y elocuentes son fortunas e iluminan la entrada de nuestro continente, porque hombres como el más universal de los cubanos no mueren nunca, sino que transcienden en la historia para perdurar siempre.
