
La farola del Castillo de los Tres Reyes del Morro perpetúa su utilidad con un hálito solitario. Foto: www.flickr.com
Emblemática desde su altura de atalaya insomne que contempla el mar, la farola del Castillo de los Tres Reyes del Morro perpetúa su utilidad con un hálito solitario y de impronta necesaria para iluminar a los que llegan a La Habana.
Aunque en 1764 comenzó a utilizarse como faro, la mole de piedra, primero fue alimentada de leña, aceite y acetileno para emitir su luz, mucho antes de que llegara el milagro de la electricidad y que, luego de su demolición, se concluyera en 1845 la nueva estructura, con muros de 7,5 pies, en su base y cuatro ventanas dispuestas para recibir aire y luz.
Actualmente, la farola no sólo está dotada de tecnología moderna que marca los 23 grados, nueve minutos y nueve segundos de latitud Norte, y los 82 grados, 21 minutos y 23 segundos de longitud Oeste, sino que constituye guía segura para los viajeros ansiosos de enrumbar hacia el cálido y cordial puerto habanero.
Desde su electrificación en 1945, el faro de luz se observa en las noches como radiante columna circular, de diámetro apreciable que disminuye gradualmente desde la base hasta arriba, a una altura de 108 pies; tiene dos cuerpos, de 76 pies de alto y el resto, rematado con una cornisa y balaustrada de hierro, base donde se apoyan la linterna y la cúpula.
Allí, apostada sobre una alta roca, forma parte de una de las fortificaciones más antiguas de Latinoamérica: el Castillo de los Tres Reyes del Morro, erigido por los españoles en el siglo XVI para defender la otrora villa de San Cristóbal de La Habana del ataque de los corsarios y piratas.
Patrimonio cultural e histórico de Cuba, la fortaleza se proyecta en las aguas en ángulo agudo, y desde allí se escalonan y abren sucesivas cortinas hasta alcanzar el lado posterior en que comunica con tierra, protegido por dos baluartes y un foso, con espacios interiores redimensionados en su propósito actual, para hacer las delicias de grandes y chicos en sus variantes turísticas.
La antigua fortaleza militar y su faro son símbolos, junto con el Capitolio y la Giraldilla de La Habana, de la genialidad trazada por el ingeniero Juan Bautista Antonelli.
