Andar La Habana motiva a conocerla

Si Usted desea experimentar el deleite de compartir emociones agradables, no dude en andar por La Habana. Foto: destinationsguide.copaair.com

Si Usted desea experimentar el deleite de compartir emociones agradables, no dude en andar por La Habana. Foto: destinationsguide.copaair.com

De La Habana, la verdad, mucho se ha escrito y dicho, porque como ciudad hermosa y vital recibe a quienes desean disfrutar de su historia, cultura y arquitectura colonial, en la intimidad familiar nacida de lo popular.

Desde el Malecón, cuya construcción comenzó en 1901 y luego de tres décadas se terminó para extenderse desde el Castillo de La Punta, a la entrada de la bahía, hasta La Chorrera, en la desembocadura del río Almendares, la brisa marina sucede a las olas que besan el arrecife costero y colman de ensueños a los que contemplan el horizonte.

Ese puede ser el preámbulo a un paseo que siempre reserva nuevos descubrimientos a lo largo del muro de concreto desnudo, custodiando una ancha avenida y asediado por los embates de la corriente del Golfo, para permitir a los visitantes admirar la riqueza arquitectónica a sólo unos pasos del Malecón, la mayoría de ellas en remozamiento y de utilidad socio-económica.

Las antiguas edificaciones se yerguen en la Ciudad de las Columnas, tal y como la llamó el insigne escritor cubano Alejo Carpentier, por la profusión del pilar constructivo de la arquitectura urbana, realzada en la diversidad de estilos barroco, ecléctico, colonial y moderno, mediante cabezas de animales, flores y otros diseños, en armonía con los colores brillantes de la isla caribeña.

Atractiva primicia para continuar viaje y decidir por la avenida marítima más famosa de Cuba o adentrarse en la otrora Villa de San Cristóbal, de la que el erudito alemán Alejandro de Humboldt, en el siglo XVIII escribiera: “… el aspecto de La Habana, cuando se entra en su puerto, es uno de los más rientes y de los más pintorescos que puedan gozarse en el litoral de la América equinoccial…”. Así perdura para alegría de los que acuden a su encuentro.

De continuo la invitación provoca el gozo del espíritu para realizar caminatas, descansar a la sombra de los añejos árboles de los parques o compartir un refrescante jugo de fruta natural, mientras se disfruta del paseo por las plazas del centro histórico y se hace memoria de las leyendas de corsarios y piratas, al resguardo del bien conservado Sistema de Fortificaciones Coloniales.

El privilegio de observar, respirar y tocar La Habana Vieja, hace partícipe a cualquiera, sin distinción de raza, credo o nacionalidad, porque esa es la mejor oportunidad dada por la espontánea naturaleza hospitalaria de los nativos de la isla y especialmente, de los pobladores del Centro Histórico de una ciudad de casi cinco centurias, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Si Usted desea experimentar el deleite de compartir emociones agradables, no dude en andar por La Habana, porque ella siempre motiva a conocer y disfrutar la complicidad reservada para la gran familia universal.

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