
Fachada del Museo de Artes Decorativas, ubicado en La Habana. Foto: Internet
Reforzada por lazos diplomáticos y fraternales de sólida existencia, la larga relación bilateral ente Cuba y Francia adquiere especial interés, a partir de vínculos culturales y patrimoniales.
Con el glamour de una etapa de florecimiento de las artes y su mayor influencia en el trazado geométrico de El Vedado, por ejemplo, se afirma que el cubano don Francisco Frías Jacott fue el principal promotor de la nueva urbanización del barrio habanero durante inicios del siglo XX.
Destaca el dato curioso de la ascendencia franco-europea del titulado Conde de Pozos Dulces y su enlace matrimonial con la francesa Isabel Evelina Faurés y Pigeot, que intervino también en el gusto por los elementos arquitectónicos y decorativos que sentaron pauta en las edificaciones afrancesadas.
Precisamente, en 1925 Jean-Claude Nicolas Forestier se convirtió en la cabeza de la planificación urbana en París y se movió a La Habana a colaborar con arquitectos y diseñadores del panorama urbanístico durante un quinquenio, tras lo cual se ganó el título de “amo de la ciudad”, aunque su objetivo era crear un equilibrio armónico entre el formulario clásico y el paisaje tropical, con marca indeleble hasta nuestros días.
Sobran los ejemplos del florecimiento notable de arquitectura civil que pertenecen al patrimonio nacional de Cuba y la opulencia decorativa al estilo francés aún apreciable en los balcones, ventanales de cristal, arcos triunfales de mampostería, vitrales que sustituyen a la pintura mural y se convierten en el arte hegemónico del color y el dibujo, entre otros detalles de exquisito diseño.
Lo anterior revela el buen gusto heredado de la lejana nación europea que, tras el triunfo revolucionario de 1959, ha sido reservado al uso público de suntuosas residencias como las destinadas a la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores y al Museo de Artes Decorativas, por solo citar dos ejemplos de instituciones situadas en la otrora barriada aristocrática habanera.
Construidas en dependencia del linaje de las familias, actualmente las edificaciones conservan las soluciones arquitectónicas más simples u ostentosas.
De esta forma es posible apreciar, entre jardines y parques custodiados por esculturas estilizadas de mármol, algunas de las casonas pertenecientes a la nobleza de principios del siglo XX que imprimieron un movimiento de diseño urbanístico novedoso.
Sobre el particular, el cubano Premio Nobel de Literatura Alejo Carpentier se refería como la vívida “Galería de las residencias suntuosas del Vedado” y es allí donde las paredes de las edificaciones encierran muchas historias, representativas de una época marcada por el paulatino ocaso de las apariencias externas de la burguesía, para darle lugar al íntimo y genuino propósito personal e igualmente social de la Cuba actual.

