El 494 aniversario de La Habana y la verdad Histórica

catedral-de-la-habanaEste 16 de noviembre, fecha en la cual  -desde 1969-  se  conmemora,  oficialmente,  el aniversario de la fundación de la villa de San Cristóbal de La Habana, vuelven las celebraciones  y los espectáculos culturales  por el magno cumpleaños de la que es hoy la Capital de la República de Cuba.

Además, se ha hecho toda una tradición,  que tanto los habaneros como los visitantes, caminen en torno a una ceiba existente en la emblemática Plaza de Armas, pidiendo tres deseos de ventura para lo por venir de sus vidas.

No obstante, hay un problema esencial en dicha conmemoración, y éste radica en que no soporta un análisis, siquiera medianamente riguroso; porque ni San Cristóbal de La Habana, ni ninguna de las otras seis villas establecidas en Cuba por los conquistadores durante la etapa inicial de la colonización, tuvieron lo que pudiera calificarse como una fundación propiamente dicha, que pueda ser, hasta ahora,  confirmada documentalmente, aparte de que no hay constancia  alguna sobre fechas precisas sobre tales acontecimientos.

Toda una muy reconocida autoridad de la investigación en el campo de las Ciencias Sociales y particularmente sobre la historia de ese período, la Doctora Hortensia Pichardo Viñals,  ha precisado que “…debe entenderse que al hablar de fundación, solo nos referimos a la elección de un lugar determinado, en el cual se ha trazado el centro del núcleo urbano con el señalamiento de la plaza, el solar para la iglesia y demás edificios oficiales, y al cual  se le ha dado un nombre”.

De hecho, tras una exploración –minuciosa para las posibilidades de la época—fue establecido en 1513 el primer emplazamiento de españoles, en   Baracoa (pequeña bahía de la costa Norte, casi en el extremo oriental de Cuba), denominado Villa de Nuestra Señora de la Asunción. Y seguidamente, ese mismo año, en el cacicazgo aborigen de Bayamo, la de San Salvador.

En el siguiente 1514, establecieron la Santísima Trinidad,  y Sancti  Spíritus  (la única con nombre en latín)  y Santa María de Puerto Príncipe y, finalmente,  la más occidental: San Cristóbal.

La séptima y última fue Santiago, el 1515; y con ella terminó el proceso de establecimiento de las primeras  villas originales  de dicho poblamiento.

Excepto la citada Nuestra Señora de la Asunción, todas las demás cambiaron de lugar  muy poco tiempo después, incluida San Cristóbal, que de su punto primigenio, al sur, cerca de la desembocadura del rio Onicajinal  (que ahora conocemos como Mayabeque), sufrió, por lo menos, dos “mudanzas” antes de asentarse en la ribera suroccidental de la bahía conocida –desde los tiempos del bojeo—como “de Carenas”; pero no donde está, sino relativamente cerca de la Ensenada de Guasabacoa, y eso ocurrió, presumiblemente, entre 1519 y 1520.

Entrecomillamos con toda intención lo de las mudanzas, porque el acucioso historiador y paleógrafo Jenaro Artiles ha enfatizado en que “…no consta en ninguna parte, ni se pretende asegurar seriamente, que éste llamado traslado hubiese tenido lugar  en un día determinado”, y puntualiza en que “…no debió verificarse de manera concertada y solemne, sino poco a poco, y por trasiego lento de los pocos vecinos”.

Tampoco hay constancia en torno a cómo ni cuándo se estableció su punto central donde ahora está, por lo que toda referencia sobre una misa fundacional y una reunión del Cabildo local  bajo la ya referida ceiba, carece absolutamente de fundamentación y pertenece, por entero, al terreno de las leyendas y las tradiciones.

Y si algo se sabe acerca de dicho árbol, lo único que costa, y para eso de tiempos muy posteriores, es lo que dice al respecto don Emilio Roig de Leuchsenring, sobre que,  ciertamente “…existió una ceiba que se utilizaba para fines tan poco merecedores de recuerdo y consagración, como era el de atar a ella a los individuos –casi siempre negros esclavos—que debían sufrir la pena de azotes públicos”.

En resumen, que la única fundamentación para, de alguna manera, categorizar el acontecimiento, incluso con precisión de fecha, está en lo recogido por el  investigador  Rolando Rensoli Medina en su  libro  titulado “La Habana, ciudad azul”, a quien el Historiador de la Ciudad, el Doctor Eusebio Leal Stengler, en una entrevista, reveló que “…la responsabilidad de que se haya declarado el 16 de noviembre de 1519, es mía y no de otra persona”, y agrega que: “…en 1969, ya fallecido Roig y sin hallarse certidumbre alguna sobre la fecha y lugar exactos de los primeros asentamientos;  le propuse a la Administración Metropolitana de La Habana (…) celebrar ese año el 450 aniversario, asumiendo esa fecha como la de la fundación”.

Asumamos, pues, una fecha cualquiera –que bien puede ser (por qué no), el 16 de noviembre–, para celebrarle a La Habana su cumpleaños.  Y hasta pidamos los tres deseos en torno a la ceiba; pero teniendo la absoluta certeza de que ahora no cumple 494 años, sino 499. Y convencidos de que el venidero 2014 arribará, sin dudas, categóricamente, a su medio milenio de devenir en la historia.

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