Emblemáticos castillos responden a un virtuoso apellido

fortificaciones-habana-cubaAl contemplar parte del patrimonio arquitectónico de La Habana, asombra la conservada altivez de las fortificaciones que antaño obedecieron al ambicioso proyecto constructivo del sistema defensivo, emprendido en las colonias hispanas de las Antillas y el Caribe.

Detenida en el tiempo sólo para indagar sobre numerosas obras que comprenden una porción de la riqueza cultural de la mayor Antilla, la imaginación vuela mientras los apuntes indican seguir la huella dejada por una familia de ingenieros militares italianos, al servicio de la corona española, y protagonistas de la creativa y trascendental muestra atesorada hasta hoy.

De los Antonelli, procedentes de la región de la Romaña, en la Italia centro occidental, llegó primero a la Isla Juan Bautista, el mayor de tres hermanos, de dos varones y una mujer, nacido en Gatteo en 1527 y quien participó en el servicio de proyección y dirección, no solo de baluartes defensivos sino también de acciones hidráulicas.

Conocido, además, como autor del diseño y construcción de algunos fuertes militares en Europa para España durante la segunda mitad del siglo XVI, su muerte en 1588, privó la continuidad de su prolífica trayectoria.

A mediados de 1586, Bautista arriba por primera vez al nuevo continente con la tarea de proyectar el sistema defensivo en La Habana, Santa Marta, Cartagena de Indias, Río Chagres, Panamá, Santo Domingo y San Juan de Puerto Rico.

Cuando en 1589, por orden del rey de España, Antonelli regresa a Cuba, es portador de los planos requeridos para iniciar el primer acueducto de La Habana, la Zanja Real, y los castillos del Morro y de La Punta.

Tamaña pretensión comienza a dar sus frutos a mediados de 1593; gracias a los trabajos emprendidos por el italiano, el agua corría abundante y de acuerdo al volumen necesario en aquella época, para satisfacer a la población de San Cristóbal de La Habana.

También el vital líquido abastecía a un lavadero público, al Castillo de La Fuerza y a las obras de La Punta, así como a los buques que arribaban a la ínsula.

Para suerte de los cubanos, el talento creativo de los Antonelli floreció y aún perdura en obras como el Castillo del Morro de Santiago de Cuba y otras fortificaciones de ese puerto, emprendidas por Juan Bautista hijo.

De norte a sur, y este a oeste, la perseverante labor de los Antonelli todavía es posible apreciarla en construcciones muy bien conservadas como La Chorrera y Cojímar, en La Habana, las cuales forman parte de los emblemáticos castillos que responden al nombre de un virtuoso apellido.

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