Estampa habitual de la arquitectura cubana

Catedral de La Habana Foto: caribbeanpont.com

Catedral de La Habana Foto: caribbeanpont.com

La Catedral de La Habana trasciende en su valor arquitectónico y patrimonial, como obra emblemática del barroco cubano y entre las más destacadas de las iglesias coloniales de la isla caribeña, conservada hasta nuestros días.

El comienzo de esta construcción tiene en común el propósito de la colonia española, de multiplicar la enseñanza devota y evangelizadora a los pueblos del Nuevo Mundo, por lo que invirtieron sumas millonarias para edificar templos como el que nos ocupa, cuya historia se remonta a 1748.

A través de la Compañía de Jesús, perteneciente a la Iglesia Católica Apostólica y Romana, la monumental obra tuvo que paralizarse nueve años después, debido a la expulsión de la Orden religiosa de la Villa de San Cristóbal de La Habana y de otros dominios españoles, según consta en documentos y apuntes guardados cuidadosamente en la propia institución, de orden clero- secular.

Al contemplar la majestuosa sección central de la fachada, es posible valorar el talento de los arquitectos y maestros de obra que reiniciaron sus labores en 1772, hasta terminarlas en 1832; período final en el que la Iglesia Parroquial Mayor fue exaltada a Catedral, y es considerada dentro de la corriente de la civilización toscana, distinguida por dos torres campanarios laterales y el templo que forma un rectángulo de 34 por 36 metros.

En 1778 por orden del obispo Felipe José de Tres Palacios comenzó el proceso de transformación del antiguo oratorio de San Ignacio, convirtiéndose en la Catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada de La Habana, cuya imagen es visible en el Altar Mayor de este templo católico.

Según el antiguo historiador de la ciudad Emilio Roig de Leuchsenring, esta reforma incluyó la eliminación de todos los objetos que se consideraron de mal gusto, adornos, estatuas y altares, sustituidos por cuadros de óleo, en su mayoría copias de originales.

Ubicada en el corazón de La Habana Vieja, zona más antigua de la ciudad, declarada por la UNESCO en 1982 Patrimonio de la Humanidad, actualmente el edificio conserva sus tres naves y ocho capillas laterales, divididas por gruesos pilares, piso de mármol negro y blanco, esculturas y trabajos de orfebrería en el altar mayor, de considerable valor técnico, cultural y artístico.

Numerosas personalidades de las artes contribuyeron a ese acervo ilustrativo, entre las que destacan: el orfebre Bianchini y  el pintor Perovani, ambos italianos, así como el afamado escultor español Antonio Solá y el pintor francés Jean-Baptiste Vermay.

Referencia para las generaciones actuales y venideras, la Catedral de La Habana es un monumento a las diferentes manifestaciones del saber y un permanente punto de contacto disponible  a los aplicados a la historia colonial y a esa estampa habitual de la arquitectura cubana.

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