Fiesta de los alfareros: hermosa tradición en La Habana

Foto: Radio Ciudad de La Habana

Anualmente se desarrolla en la localidad de El Cano, en La Habana, la fiesta de los alfareros, una hermosa tradición de nuestra ciudad.

Según registros oficiales El Cano, uno de los siete consejos populares del actual municipio de La Lisa, se fundó en el lejano año 1587 por Martín González Cano, un colono al que le fue asignado ese corral y al que debe hoy su nombre.

Eran terrenos arcillosos, cercanos al río Quibú, rodeados de arroyos y poco propicios para el cultivo de alimentos pero sí muy fértiles para dar origen a una de las profesiones manuales más nobles y hermosas que existen en la cultura universal: la alfarería.

Una tradición que comenzaron a cultivar las primeras familias que se establecieron allí y que fueron transmitiendo de generación en generación conocimientos, habilidades y amor, infinito amor, pues como dijera el poeta “Solo el amor convierte en milagro el barro”.

Lo cierto es que la alfarería en ese territorio se inició tempranamente en la colonia y sus grandes tejares comenzaron a producir tejas para la construcción de viviendas habaneras, desde las más lujosas mansiones hasta aquellas más humildes donde vivían estos artesanos, quienes también modelaban cazuelas de barro para el uso doméstico y hasta calderas enormes para la industria azucarera.

A inicios del siglo XX ya existía en El Cano una floreciente industria con cinco grandes talleres y una decena de otros más pequeños, todos con una alta demanda productiva, hasta que el famoso ciclón del 26, a su paso por La Habana, se ensañó con ellos provocándoles considerables daños, los que unidos a la competencia de los útiles de cocina elaborados con aluminio, parecía que condenaban a muerte a la añeja tradición.

Fue en septiembre de 1945 cuando la iniciativa de uno de los alfareros de la localidad, negado a dejar morir la historia de la vieja industria de la artesanía en El Cano, convocó a sus amigos para celebrar la fiesta de la alfarería, una especie de feria popular que acompañada de otras entrañables tradiciones de la cultura rural cubana, como las corridas de cintas, el palo encebado, la corrida del gallo o las carreras en sacos, que estimularía las ventas de sus antes demandados productos dándole aires nuevos a la alfarería.

Aquella idea dio excelentes resultados y cada septiembre, desde entonces, durante un fin de semana, casi siempre en la segunda quincena del noveno mes del año, los alfareros de El Cano realizan estas fiestas de gran arraigo popular, las que se inician con un toque de diana mambisa para invitar a todos los pobladores a disfrutar de un café carretero, hecho a la vieja usanza, en la plaza de la iglesia parroquial.

Allí se ubican familias enteras de artesanos con sus tejares para mostrar a todos como se modela el barro, ese fango del que sacan verdaderas maravillas.

Para la venta exponen también una amplia variedad de artículos que incluyen tejas francesas y españolas para techos, maceteros para plantas, utensilios para la cocina y otros de carácter ornamental, todo ello matizado por competencias de juegos tradicionales y de la música, también típica de los campos cubanos.

Y esta es la fiesta que desarrollan desde el viernes 14 hasta el domingo 16 de septiembre en ese pueblito liseño, donde sus pobladores defienden con alegría y mucho apego a las tradiciones, la historia y la cultura de esa localidad.

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