Invitación a pasear por La Habana patrimonial

La Habana Vieja. (Foto: www.visitarcuba.org)

La Habana Vieja. (Foto: www.visitarcuba.org)

La Habana Vieja suele ser un lugar de especial invitación para redescubrir el encanto de su arquitectura civil, sobre todo ahora que los días son menos calurosos por la cercana llegada del benigno invierno a la isla caribeña.

Al pasear por sus callejuelas, plazas adoquinadas y mercados, resulta casi inagotable la probabilidad de acceder a itinerarios que tienen en común la complicidad del tiempo, donde el pasado y el presente brindan la perspectiva “perfecta” de observar la plenitud de una ciudad viva.

Basta atravesar la calle Obispo por la Plaza Albear – a solo unos pasos de la entrada del bar-restaurante Floridita, famoso por sus daiquirís helados- para observar la diversidad de comercios, instalaciones de uso público y doméstico, integradas al eclecticismo de las edificaciones de una urbe en movimiento.

A uno y otro lado del conocido “boulevard de Obispo”, es posible encontrar textos antiguos y contemporáneos en varias librerías, entre las cuales La Moderna Poesía, desde su fundación en 1939 se distingue por su excelente construcción al estilo art déco, donde la variedad de géneros literarios, materiales de estudio y novedades de arte, complace a quienes la visitan.

Cerrada al tráfico vehicular y con salida a la otrora Plaza de Armas, muy próxima a la Avenida del Puerto, el ir y venir de los transeúntes por la calle Obispo es el mejor incentivo para curiosear, comprar algún regalo, disfrutar de un refrigerio y conocer más sobre los orígenes de edificios como el del Banco Nacional de Cuba, uno de los primeros construidos durante la República de 1902.

Asimismo, es posible apreciar los bien conservados elementos arquitectónicos de las casas vivienda de puntal alto, con sus puertas y grandes ventanales de doble hoja, las barandas de hierro en los balcones, los guardavecinos y patios interiores de rasgos hispánicos, todo intercalado entre las cafeterías, farmacias, mercados y tiendas de corte europeo, hasta hoy en restauración.

La peatonalización efectuada en los años 80 del pasado siglo permite el avance entre la multitud de personas que, en agradable bullicio, atraviesa la arteria básicamente comercial, hasta recibir la brisa marina que indica la proximidad de la bahía habanera, en el Casco Histórico de la Ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), desde 1982.

Pero antes es preciso visitar el Hotel Ambos Mundos, que guarda la memoria del insigne escritor norteamericano Ernest Hemingway a su llegada a La Habana en los años 30 del siglo XX, convirtiéndose en uno de los caminantes de la calle Obispo hasta el Bar Floridita, donde solía ocupar un extremo de la barra para saborear los daiquirís gigantes preparados para él con doble ración de ron, por el barman español Constante Ribaligua.

Otras edificaciones remozadas o remodeladas llaman la atención no solo por su belleza arquitectónica sino también por su historia, como es el caso de la fachada lateral del Palacio de los Capitanes Generales, donde una placa fechada el 2 de junio de 1982 rinde tributo al Libertador de Italia, Giuseppe Garibaldi, con motivo de su estancia en la urbe y una razón más que invita a redescubrir La Habana patrimonial.

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