La ceiba: tradiciones e hidalguía cubanas

Foto: www.panoramio.com

Foto: www.panoramio.com

La Ceiba es un árbol de forma robusta que alcanza una altura de hasta 70 metros. Crece en clima cálido, no sólo proporciona sombra y riego a la flora que brota a su amparo, sino que también es hábitat para muchos animales y sobre todo para el quetzal. Este árbol es conocido desde México hasta Brasil.

La creencia de su santidad se trasmite de generación en generación. Un folklorista llenaría centenares de fichas con las historias que se cuentan de las ceibas, veneradas y temidas de un extremo a otro de la geografía cubana.

Para los antiguos mayas, la Ceiba representaba la comunicación entre el cielo y el inframundo; en la actualidad, sus descendientes la respetan como sinónimo de sabiduría y resistencia.

La Ceiba representaba el árbol que sostiene el universo. Según el epigrafista Federico Fahsen, la creencia asegura que las ramas están en el cielo, el tronco es donde vivimos y la raíz baja hasta el inframundo.

Otro enfoque de la cosmogonía maya es que la Ceiba abre sus ramas mayores hacia los cuatro puntos cardinales, y de esta manera se une a la cuádruple deidad que rige los vientos y las lluvias. Además sus raíces dividen el mundo inferior, donde moran los espíritus, Xibalbá o lugar de la extinción.

Los textos mayas del posclásico hablan de cinco ceibas que fueron colocadas por los dioses al principio del mundo: la roja, al este; la blanca, al norte; la negra, al oeste; la amarilla, al sur y la verde, al centro. La Ceiba central, llamada Yax -Imix- Che, es el eje del mundo; las otras cuatro, son sus proyecciones.

La Ceiba es también un símbolo de fraternidad entre las naciones de América. Uno de esos árboles, plantado con tierra de las naciones del continente americano, es el centro del Parque de la Fraternidad, en el corazón de La Habana.

En la sabana como en el bosque, la Ceiba es el eje de un ecosistema donde habitan numerosas especies epifitas de diversas familias y a donde acuden numerosas especies de aves.

Ante Juan Bruno Zayas, el Coronel Casallas y otros patriotas de San Antonio de las Vueltas, municipio de la actual provincia de Villa Clara, se celebró, el 2 de febrero del año 1895 una romería que en realidad era una fiesta patriótica, las mujeres llevaban trajes blancos y cintas rojas y azules, muchos hombres se doblaron el ala del sombrero igual que los mambises. Aquellos cubanos reafirmaron la necesidad de seguir la lucha por la independencia y dieron gritos de Viva Cuba Libre. En ese mismo lugar al otro día, Carlos Nodal siembra una Ceiba como símbolo de la dedicación libertadora de los voltenses. Se le denominó Ceiba Histórica, y fue punto de partida de los hombres que participaron en la guerra.

Otro dato importante es que sietes voltenses cruzaron la trocha de Júcaro a Morón junto a Maceo en 1896, cuando la guerra de liberación alcanzaba su punto crítico. Al conocer el hecho, las autoridades españoles ordenaron talar el palmar donde se había efectuado la romería, decían que olía a mambises. La Ceiba se salvó del hacha devastadora por la intervención de Carlos Nodal, que después de la Guerra levantó su casa al lado del árbol, como un celoso guardián. En 1920, también estuvo en peligro, pues la línea del ferrocarril debía pasar por ese lugar, al conocer los ingenieros su historia, se rectificó el trazado y hoy el ferrocarril pasa muy cerca de esta reliquia del pasado.

Árbol sagrado para los abakuás, al igual que para los practicantes de la Regla de Osha, la Ceiba, a la que llaman Ukano benkosi es representación material de Abasí (Dios Supremo). Árbol de Dios. En ella habitan Aremu, un poderoso fudú identificado con la Orisha Obbatalá de los lucumí, y otras deidades.

Son muchos los nombres que en Cuba se le atribuyen a la Ceiba. Es el propio Orísha Iroko o Iroke de los lukumis oyó; Lóke dicen los Dajomeyanos, señalando a un santo viejo, esposo de Abomán y hermano de la llamada Ondó. Otros nombres para la Ceiba son Iggi Olorun o Árbol de Dios, Arabbá, Eluwere y Asabá. Esto es sin mencionar los que recibe entre los Bantús o congos, así como en otras culturas africanas de asiento en Cuba.

En nuestro país la Ceiba es árbol sagrado por excelencia para los creyentes y practicantes de la Regla de Osha y el acto de plantarla constituye un compromiso indisoluble entre la planta y el hombre, en el que este último jura cuidarla mientras viva ya que de ella dependerán su salud y felicidad.

El día más apropiado para plantar una Ceiba es el 16 de noviembre, festividad de San Cristóbal, sincretizado en la Regla de Osha por Aggayú, Orisha dueño del volcán y del río caudaloso y patrono de La Habana.

La víspera de la festividad de San Cristóbal, muchos habaneros se congregan en El Templete, un pequeño templo neoclásico construido en la primera mitad del Siglo XIX, que conmemora la celebración en ese lugar de la primera misa y el primer cabildo celebrados en la ciudad, para mientras formulan un deseo, dar tres vueltas a la Ceiba allí plantada. Esa Ceiba conmemora que bajo la sombra de uno de esos árboles se asentaron los fundamentos civil y religioso de la ciudad.

La Ceiba, como la palma real, es el árbol más característico de Cuba y el árbol sagrado por excelencia negros y blancos. Era también para los chinos que se importaron durante la colonia, y hoy para sus descendientes, “el trono de Santàn Kòn”, la misma Santa Bárbara en China.

Si se interroga a un campesino sobre este misticismo que despierta la Ceiba en todo el país, dirá invariablemente que “está bendita”, que sus mayores le han enseñado a adorarla, porque “es lo más sagrado y lo más grande de este mundo”.

La Ceiba es Cuba, tanto como Cuba es Ceiba, sincretismo, gallardía, robustez, tradiciones, simbolismo, cultos, fuerza, eternidad, cultura, fraternidad, internacionalismo, todo entremezclado en los vericuetos de las historias, cuando se ve, se oye y se habla, con amor y patriotismo, de la una o de la otra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *