La ciudad que creció a expensas de su bahía

La ciudad se expandió sostenidamente hacia el oeste, sudoeste, sur y sudeste, con un patrón dendrítico siguiendo antiguos caminos. Foto: arquitectura-cuba.blogspot.com

La ciudad se expandió sostenidamente hacia el oeste, sudoeste, sur y sudeste, con un patrón dendrítico siguiendo antiguos caminos. Foto: arquitectura-cuba.blogspot.com

Estoy convencido de que para los habaneros pertenecientes a las actuales generaciones y también, claro está, para los visitantes nacionales y extranjeros, resulta difícil asimilar la idea de que el paisaje urbano que ven, desde la vetusta fortaleza colonial de La Punta hasta la Iglesia, Convento y Hospital de Paula, fue alguna vez diferente a como está.

Hagamos referencia, para ilustrar, que antes del año de 1929, el oleaje lamía los muros exteriores de la Cortina de Valdés, que fue una obra defensiva, edificada por delante de la bella fachada del Seminario de San Carlos y San Ambrosio.

Ahora se puede recorrer el área, desde las excavaciones arqueológicas expuestas de sus baterías de cañones, hasta el muro de la parte del Malecón paralela al Canal de la Bahía, por una enorme explanada que incluye a la calle Tacón, el parque, la avenida del Puerto propiamente dicha, unas muy espaciosas aceras y, finalmente, el límite con las aguas.

Rellenar un área tan vasta fue y será, en cualquier tiempo, algo de proporciones desmesuradas, sobre todo si lo arrebatado al mar interior de la rada capitalina se extiende más allá de la Aduana, frente a la Plaza de San Francisco, y la Iglesia que le da nombre, hasta cuyas paredes llegaban las olas, y seguía por el actual emboque de las lanchas que van y vienen hacia o desde Regla y Casablanca, en el llamado Muelle de Luz, e incluso por todo el borde de la Alameda de Paula, hasta el, ya citado templo, llegando a los Almacenes de San José.

Hay que decir, volviendo al punto inicial, que el Castillo de La Punta originalmente no tuvo fosos, y que el mar bañaba todo su entorno. De ello dejó constancia gráfica en 1842 el pintor francés Federico Mialhe.

De manera que, desde allí, comenzaron los rellenos, de un proyecto ambicioso, con una realización de magnitudes faraónicas, una inversión millonaria y un resultado, como puede apreciarse, magnífico.

Eso sí, la Bahía de La Habana redujo considerablemente sus dimensiones y no sólo en el área de que estamos hablando, sino en otras muchas, sobre las que valdría la pena que hurgáramos, en otros trabajos como éste.

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