
La Fuente de la India o Fuente de la Noble Habana es uno de los elementos más emblemáticos de nuestra ciudad capital. (Foto: 4.bp.blogspot.com)
La Fuente de la India o Fuente de la Noble Habana es uno de los elementos más emblemáticos de nuestra ciudad capital. Su popularidad fue grande en el siglo XIX por ser símbolo de criollismo y representar a la nueva ciudad, que crecía fuera de la muralla de la vieja Habana. Además, porque su primer emplazamiento la ubicaba dando la espalda a la puerta este de la muralla, también conocida como Puerta de Tacón o puerta del Campo de Marte, que era símbolo del colonialismo español. Además desplazó una estatua del rey Carlos III que se encontraba en ese lugar.
El Diario de La Habana, en su edición del primero de enero de 1838 reseña la llegada a Cuba, procedente de Italia, de la hermosa fuente, que el acucioso investigador Tranquilino Sandalio de Noda describe diciendo: “(…)una fuente de mármol blanco que se alza en un pedestal cuadrilongo sobre cuyas cuatro esquinas y resaltadas pilastras se apoyan cuatro delfines también de mármol, cuyas lenguas de bronce sirven de surtidores al agua que vierten en la ancha concha que rodea al pedestal(…).
“Encima de todo, sobre una roca artificial, yace sentada una preciosa estatua que representa una gallarda joven india mirando hacia el Oriente; corona su cabeza un turbante de plumas(…) y un carcaj lleno de flechas al hombro izquierdo lleva. Sus armas vense esculpidas en el escudo que lleva a su diestra, y en la siniestra sostiene la cornucopia de Almatea en la cual, en vez de las manzanas y las uvas que generalmente la adornan, el autor, en un rasgo de inventiva, las ha sustituido por frutas de nuestra tierra, coronadas por una piña(…) Se reconoce que representa alegóricamente la ciudad de La Habana”.
No faltan las críticas al autor del conjunto, el escultor italiano Giuseppe Gaggini, por representar a una mujer aborigen con facciones clásicas griegas, anacronismo perdonable teniendo en cuenta los modelos disponibles en la Europa de aquella época, que debieron guiar el cincel del artista.
Pero, independiente de las razones del escultor al escoger su modelo, la figura de una india de facciones neoclásicas, sintetizaba como ninguna otra el anhelo de modernidad de la aristocracia criolla del siglo XIX, que se manifestó también en acciones económicas y culturales que pugnaban por el desarrollo de la nacionalidad cubana.
Se reseña que la víspera de la inauguración de la Fuente de la India nuestra ciudad fue azotada por una intensa ventolera que derribó edificaciones y arrancó árboles de raíz, pero no pudo con la tela que cubría la estatua, lo que fue interpretado como un buen augurio. Sin embargo Cuba debió esperar más de medio siglo para verse libre del coloniaje ibérico y 122 años antes de ser totalmente soberana e independiente.
Hoy la Fuente de la India se muestra orgullosa, como testigo de la historia cultural de nuestra Noble Habana, en el lugar donde la calzada de Monte agoniza para dar paso al Prado.
